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28 de marzo de 2017

CADA UNO RECOGE LO QUE SIEMBRA




    Imagen: "Todas íbamos a ser reinas". Ana Luisa Muñoz Flores

       

          Cada uno recoge lo que siembra


¿Existe una máxima que debería ser la base de las acciones que uno toma a lo largo de su vida?
Seguramente es la máxima de la compasión: no hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti.
Confucio








Cada uno recoge lo que siembra. Si siembras trabajo, recogerás éxitos. Si siembras amor, recogerás felicidad. Si siembras vientos, recogerás tempestades. En definitiva, que si quieres que algo ocurra, predisponlo todo para que suceda.
Prepáralo, pero hazlo adecuadamente. Escúchate y escucha a tu entorno. Tampoco busques imposibles ni venganzas, ya que eso solo atrae al fracaso y a la frustración.

Valora lo que tienes, supera lo que te duele y lucha por lo que quieres

Si quieres conocer el pasado, entonces mira tu presente, que es el resultado. Si quieres conocer tu futuro,  mira tu presente, que es la causa.
Buda






Dicen que la vida es un eco, que lo que envías y regresa. Dicen que lo que siembras, cosechas. Que lo que das es lo que obtienes. También se habla de que lo que ves en los demás existe en ti. En definitiva, como dijo Facundo Cabral, “la vida es el arte del encuentro”.

La ley de la cosecha


La ley de la cosecha es cosechar más de lo que se siembra. Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino.
James Allen
Todo lo que se siembra se cosecha en mayor cantidad. Nuestras semillas se hacen más voluminosas en su transformación y se convierten en algo diferente; es decir, crecen y se desarrollan.
Obviamente, no se recoge el mismo día en que se siembra, pero tú eres el responsable de lo que haces antes y después de la siembra. Este proceso requiere de tiempo.
Eres libre de hacer o no hacer, de pensar o no pensar, de actuar o no actuar, de decir o no decir, etc. No le eches la culpa a los demás de lo que te sucede. Eres libre de tus actos, pero no de sus consecuencias.
Si no te gusta lo que cosechas, analiza y cambia lo que siembras. No te canses de hacer el bien, ni dejes de trabajar cuando todo se complica. No crecemos cuando las cosas se vuelven fáciles, sino que lo hacemos cuando aumentan los desafíos.


Mira bien lo que siembras


Construimos nuestra vida lentamente y, sin darnos apenas cuenta, estamos caminando por senderos que hemos ido forjando. Conocemos como la palma de nuestra mano el valor del esfuerzo, del sacrificio y de la voluntad.
Sabemos que es el camino del éxito pero, sin embargo, lo descuidamos con facilidad.
Cosechar éxitos no siempre es dulce. El proceso hasta el éxito puede ser amargo, pues requiere de gran cantidad de sacrificio y de autocontrol. Sin embargo, cuando comenzamos a cambiar, a hacer cosas diferentes, comenzamos a alcanzar logros.
Lo mismo ocurre con la obtención de la felicidadHace falta plantar sonrisas y actos de bondad en semillas, tratarnos y tratar a los demás con buena voluntad. Actuar de la manera contraria solo atrae sentimientos destructivos.
Se dice que la amistad hay que mimarla, al igual que el amor, y que quien siembra la verdad, cosecha la confianza. También se dice que hace falta poco para destruirla; de hecho, tan solo hace falta un segundo para acabar con lo que nos ha llevado años conseguir.
Por eso, también tenemos que hablar de que podemos sembrar semillas que destruyan al resto de cosechas. Además, solemos hacerlo con frecuencia, arruinando gran parte de lo que habíamos conseguido con nuestro trabajo.
No te olvides nunca de que quien siembra vientos, cosechará tempestades.
Por esta razón, es necesario que reconozcamos lo negativo para dejarlo a un lado. Recuerda que si siembras negatividad, recogerás desgracias. Y, como apuntó Jean de la Fontaine: “La mayor desgracia es merecer la desgracia”.
No pidas más de lo que puedes dar y no permitas recibir menos de lo que crees merecer. Evita las exigencias, pues conducen a reproches. Vive de tal modo que nada de lo que hagas deba merecer el reproche o la condena de quienes te rodean.

Desarrolla tus fortalezas


Solo puedes crecer si estás dispuesto a sentirte incómodo durante un tiempo. Invierte en tus fortalezas, busca la manera de potenciar tus habilidades y tus conocimientos.
Crea una burbuja de bienestar emocional, pero una burbuja a la que le guste moverse por el mundo. Te damos algunas pautas para hacerlo:
  • Como veníamos diciendo, las cosas buenas no suceden porque sí. Suceden porque las atraemos y lo disponemos todo para conseguirlo. En definitiva, nuestra vida puede cambiar si vamos hacia la montaña en vez de esperar a que la montaña venga hacia nosotros.
  • Cuando empieces a ir en busca de tus sueños, no te olvides de que no hay fórmulas mágicas y que nadie puede darte las claves de tu éxito, pues anhelos, deseos y esperanzas hay tantos como personas en el mundo. Busca dentro de ti.
  • Sea por falta de tiempo, de ganas, de dinero, de autoconocimiento o de espíritu, es posible que nunca hayas potenciado tus fortalezas. De hecho, puede que, incluso, desconozcas cuáles son o de qué forma puedes desarrollarlas. Párate a experimentar lo que sientes y lo que piensas.
  • Pregúntate qué te define y busca información al respecto. Hoy en día tenemos multitud de herramientas a nuestro alcance que nos pueden dar pistas sobre la manera de explotarnos. Por eso, recuerda siempre que tú eres único y excepcional. Busca tu identidad, no pierdas tu esencia e impide que sigan saliendo fotocopias de la máquina del calendario.
En realidad, por raro que parezca, la única forma de alcanzar nuestros sueños es ponerles  fecha de caducidad. Si estamos seguros de que las posibilidades que nos ofrece la vida van a vencer de un momento a otro, cargaremos nuestras pilas para alcanzar nuestros objetivos.
No te olvides de que recogemos lo que sembramos, así que no pierdas el tiempo y deja que el sol de tu vida ayude a crecer a tus semillas. Sal de tu zona de confort.

27 de marzo de 2017

EL OPTIMISMO




                     Imagen: "El verso de la mariposa". Ana Luisa Muñoz Flores



SIETE FORMAS PARA SER MÁS OPTIMISTA


En medio de las peores catástrofes naturales de la historia del norte de nuestro país, un cartel, escrito por un habitante de Copiapó, llamó la atención. Decía: "Sonríe, hay cosas peores".

No hay dudas de que el optimismo no fue repartido de forma pareja. Anclándonos por enésima vez a la famosa metáfora del vaso, todos conocemos personas que ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y algunos que preguntarán sobre qué vaso estás hablando. 

¿Qué es lo que diferencia al hombre de Copiapó con aquel que lo tiene todo y aun así encuentra razones para quejarse? ¿Será genética? ¿O quizá lo que algunos llaman "inteligencia emocional"?

Si bien ciertas personas son más positivas por naturaleza, como nuestro compatriota de Copiapó, todos podemos entrenar, tal como en el deporte, a nuestro cerebro para ver las cosas con un lente optimista. 

Eso es lo que postula Shawn Achor, educador y investigador de Harvard, en su libro The Happiness Advantage (La felicidad como ventaja). Según Achor, entrenarnos en pequeños destellos de positividad eleva nuestros niveles base de felicidad, lo que impacta de manera importante nuestro desempeño. Esto es lo que él llama...


La felicidad como ventaja


Según Achor, la felicidad no es una consecuencia, es una causa. No logramos objetivos para ser felices; somos felices y por ello logramos nuestros objetivos.

El educador, quien cuenta con un magíster en Ética Cristiana y Budista, explica en su charla TED la importancia de invertir el paradigma.

Todo nació de la visita de un amigo suyo a Harvard y una oportuna pregunta: "Shawn, ¿por qué pierdes el tiempo estudiando la felicidad en Harvard? 

En serio, ¿qué puede tener un estudiante de Harvard para sentirse infeliz?".

"Implícito en esta pregunta está la clave de la ciencia de la felicidad" dice Achor "Porque lo que se asume con esa pregunta es que por el mundo exterior se puede predecir tu felicidad, cuando en realidad, si conozco tu mundo exterior, puedo predecir solo el 10% de tu felicidad a largo plazo".

Según las investigaciones de Achor, es el optimismo, la resiliencia y el apoyo social de las personas lo que determina hasta el 75% del éxito en su trabajo, no tanto su coeficiente de inteligencia.

El trabajo en terreno en más de 45 países respalda sus descubrimientos: Ser feliz afecta directamente nuestro desempeño. "El cerebro positivo es 31% más productivo que si está negativo, neutro o bajo presión. Trabajamos 37% mejor en ventas. 

Los doctores son 19% más rápidos, más precisos y más correctos en sus diagnósticos, si están positivos, que si están negativos, neutros o presionados. Lo cual indica que se puede invertir la fórmula. 

Si encontramos una manera de volvernos positivos en el presente lograremos aún mayores éxitos al poder trabajar más saludablemente, más rápido y con más inteligencia" comenta en la charla.


Siete formas de entrenarte


En su libro La felicidad como ventaja, el autor expone una serie de ejercicios para capitalizar las ventajas de la felicidad. Además de brindarnos "subidones" de emociones positivas que afectarán de forma inmediata nuestro desempeño, estos ejercicios, una vez incorporados en la rutina diaria, permitirán subir nuestros niveles básicos de felicidad de forma permanente.

1. Meditar:

Puede que nuestros cuerpos estén inmóviles, pero en la meditación suceden muchas cosas a nivel cerebral. Tanto así que neurobiólogos detectaron en monjes que pasan años meditando un crecimiento del córtex prefrontal, la parte del cerebro mayormente responsable de la emoción que conocemos como felicidad. "Investigaciones muestran que la meditación regular puede recablear el cerebro para elevar los niveles de felicidad, disminuir el estrés e incluso fortalecer el sistema inmune" escribe Achor.

Antes de que vayas a comprar ropas de monje y un pasaje a la montaña más cercana, hay que decir que no es necesario llegar a tal punto. Un estudio de Harvard publicado en 2011, demostró que después de 8 semanas de meditaciones diarias de 27 minutos, ya era detectable un aumento en la densidad de la materia gris del hipocampo de los participantes. Achor recomienda empezar con una meditación de 5 minutos.

2. Encuentra algo que esperar con anhelo:


"Frecuentemente, la parte que más disfrutamos de una actividad es la anticipación" escribe el académico, frase que inevitablemente nos transporta a alguna Noche Buena de nuestra niñez, cuando saltábamos alrededor del árbol tratando de adivinar lo que ocultaban esos envoltorios con renos y bastones de dulce (gracias por los calcetines, abuelita).

Estudios han demostrado que anticipar mentalmente una actividad agradable incrementa automáticamente nuestros niveles de endorfinas (un 27% en el caso de una película). Si no hay nada cercano sobre lo que emocionarse, Achor recomienda fijar algo, aunque sea lejano, en un calendario. Así lo tendremos a nuestra disposición cada vez que queramos ese "subidón".

3. Actos conscientes de bondad:

Un estudio que involucró a más de 2.000 personas demostró que los actos altruistas afectan positivamente nuestra salud, además de reducir estrés. Sostener la puerta, ayudar a cruzar la calle o pagar el pasaje de alguien, son actos cuyos efectos pueden durar días.
Achor cita las investigaciones de Sonja Lyubomirsky, quien descubrió que los efectos son más potentes cuando se concentran en una día de la semana. El académico recomienda escoger un día particular y esforzarse en hacer 5 de estos actos.

4. Inyecta ese optimismo a tu entorno:

Según Achor, el ambiente físico que nos rodea tiene un gran impacto en nuestra mentalidad y sensación de bienestar. Decorar tu oficina con cosas que te levanten el ánimo, caminar todos los días por un bonito sector y leer El Definido (je, je), son pequeñas acciones se suman y afectan positivamente tu día a día.

Igual de importante es evitar influencias negativas. Estudios han demostrado que mientras menos televisión negativa vemos, especialmente cosas violentas, más felices nos sentimos. Si las noticias te deprimen, apágala la tele.

5. Haz ejercicio:
Si nunca falta en cualquier lista sobre bienestar, es por algo. Reducir el estrés, disminuir los síntomas de depresión y ansiedad, mejorar el auto-estima y dormir mejor, son algunos de los beneficios de ejercitarse diariamente.
Ya sea caminando, en bici o saltando la cuerda, piensa en cómo incorporar a tu rutina algún ejercicio ¿Quizá no es tan necesario usar el ascensor en las mañanas?

6. Gasta (pero no en cosas):


"Contrario al dicho popular, el dinero puede comprar la felicidad, pero solo si se usa para hacer cosasen lugar de simplemente tener cosas" comenta Achor, quien cita el trabajo del economista Robert Frank publicado en su libro Luxury Fever. En este libro, Frank expone que gastar dinero en experiencias, sobre todo con otras personas, produce emociones positivas más potentes y duraderas que la compra de objetos materiales, y así lo han verificado diversos estudios.

En uno de estos estudios se entrevistó a más de 150 personas sobre sus últimos gastos, y se concluyó que las personas que gastaban en actividades, como salir a comer o ir a un concierto, obtenían mayor placer que aquellos que se compraban zapatos, un reloj o un televisor.

El académico recomienda crear una lista de los gastos y dividirla en dos columnas (cosas versus experiencias). A final de mes obtendrás una buena imagen de lo que estás haciendo actualmente, lo que te servirá como base para efectuar un cambio, si así lo deseas.


7. Ejercita una fortaleza:


Todos somos buenos en algo. Si necesitas un "subidón", Achor recomienda recurrir a estos talentos que nos hacen sentir bien.

En el libro sugiere una encuesta de "fortalezas de carácter" que se hace gratuitamente en Via Character. Un estudio que pidió a 577 personas ejercitar una de sus fortalezas todos los días durante una semana, concluyó que este grupo reportó mayor felicidad y menos depresión que otros grupos controlados. Y no solo eso: estos beneficios se mantuvieron incluso 6 meses después de finalizado el experimento.

En el caso de Achor, se trata del "amor por aprender", algo que incorpora durante los 300 días que viaja al año al buscar un dato histórico de cada ciudad que visita.

Entrena tu optimismo a lo Rocky

Ser optimista no se trata de sonreír hasta que se noten las grietas y la máscara se caiga a pedazos. Ser optimista es el resultado de un proceso mental que requiere trabajo. Estos ejercicios son el primer paso.
Entrena, entrena, y entrena. Y cuando sientas deseos de caer en el abismo del pesimismo, recuerda: "Sonríe, hay cosas peores".

¿Crees que el optimismo se puede aprender?

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