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30 de marzo de 2017

LA RESILENCIA


  Imagen: "Sutileza". Ana Luisa muñoz Flores



La resiliencia: Características de una persona resiliente

Tal vez muchas veces te has preguntado qué es lo que sostiene a algunas personas a pesar de una serie de sufrimientos y pérdidas que han tenido en su vida. Y la respuesta es que aprendieron a ser resilientes.
  • De acuerdo a la Dra. Edith Grotberg autora del libro, La resiliencia en el mundo de hoy, esta es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformado por ellas.
  • Características de las personas resilientes

    Es fácil reconocer a las personas resilientes porque son alegres, curiosas, siempre interesadas en aprender; buscan retos en su vida que las mantengan en un constante cambio, a los cuales se adaptan de manera sencilla. 
    Además de esto, los seres humanos resilientes son capaces de obtener cosas buenas de cada uno de los momentos difíciles en su vida, aprenden de sus errores o los de las personas que los rodean. 
    No es extraño que una persona con la capacidad de resiliencia pueda hablar de una situación amarga como algo que dejo mucho dolor, pero que de igual manera le trajo un aprendizaje de vida, o le enseñó hasta qué punto podía llegar su propia resistencia.

  • Pueden incluso transformar una mala experiencia, la cual derrumbaría a otros individuos menos preparados para el cambio, en una aprendizaje e incluso en un motor que impulse su vida a conseguir mejores cosas. 

  • Estas personas se convierten en círculos de adaptación excelentes: Los problemas llegan los enfrentan y aprenden las lecciones, se fortalecen con lo aprendido, de manera que a la llegada de nuevos problemas se encuentran fortalecidos, entonces vuelven a enfrentarlos y continúan su círculo de aprendizaje.

  • Cada uno de estos cambios es lo que las ha convertido en las personas que son y que, de alguna manera, las ha ayudado a ser flexibles; por lo que sus procesos de adaptación ante situaciones difíciles se efectúan de una manera hasta cierto punto natural.
  • Las principales fortalezas de una persona resiliente

    Una de las principales armas de las personas con una buena capacidad de resiliencia es la honestidad consigo mismos, es decir, son capaces de aceptar los sentimientos que las afectan, los que la mayoría de las personas consideran "negativos" como el enojo, la tristeza, ira, humillación, y los que se consideran "positivos" como el amor, la alegría, el cariño, etc. 
    Otra de las armas, quizás la más importante de todas, es el hecho de rodearse de personas cercanas, amigos, familiares, hijos, pareja. No hay mayor poder de resiliencia que tener alguien a tu lado a quien le importes, que te escuche, que te ame y que sepas que estará ahí para ti en cada uno de los momentos en los que sientas que te derrumbas.
    Para las personas resilientes, poder tener amistades cerca es una bendición que se da gracias a la empatía que ellas demuestran por cada una de las personas que las rodean. Son capaces de entender las razones sin juzgar a las personas, son capaces de perdonar los errores de los demás, esto sobre todo por su capacidad de intuición, escuchan esa pequeña voz que les indica lo que sucede, no solo a su alrededor sino en su propio ser interior. Se hacen preguntas como: ¿por qué lo haría él o ella? O ¿por qué lo hice yo?

  • Se dan la oportunidad de expresarlos cuando es necesario y suprimirlos cuando así lo consideren oportuno, porque entienden que el equilibrio entre todos estos sentimientos es lo que forma una mente sana y feliz, no el encubrirlos o hacerlos a un lado.
  • El camino de la seguridad en sí mismos y el amor propio

    Todo lo expuesto hasta ahora son los fundamentos de la personalidad de una persona resiliente. 
  • Ellos logran formar además, individuos con gran confianza en sus capacidades, que se conocen preparados, lo que les ayuda a compartir y no envidiar a las personas, que les da un balance entre la crítica y los elogios de las personas que lo rodean. 
  • De esta manera su seguridad no reside en lo que los demás piensen de él o ella, sino en el conocimiento de sus propias capacidades.
  • El optimismo, surge de cada una de sus fortalezas

    Las personas resilientes no se asustan fácilmente ante situaciones ambiguas. Son capaces de sacar adelante proyectos laborales en momentos de presión que tal vez detendrían a otros trabajadores. 
  • Esto se debe a que son personas optimistas que saben buscarle solución a los problemas y encuentran recursos y aliados en esos procesos.
  • Una gran fortaleza

    Mencionaré por último, pero no menos importante, el tener un propósito de vida. Más aún, un propósito superior o nuestra fe en la guía divina nos otorga una mente sana, resiliente y fortalecida, ya que nuestra convicción nos acompaña, nos ama y nos da la fortaleza para seguir adelante a pesar de cada una de las tristezas que enfrentamos en la vida. Dios es nuestra principal fuente de resiliencia.
    Quizás seas una persona con gran capacidad de resiliencia, lo que te convierte en un ser muy especial, o tal vez tengas solo unas pocas características de las que he mencionado, de ser así, es importante que trabajes en estos rasgos de personalidad para poder ser resiliente.
    Según los profesionistas dedicados a la investigación de esta capacidad, es algo que puede y debe ser enseñado desde la infancia para criar hijos sanos que aprendan a enfrentar los problemas que se les presenten en su vida. Si tienes hijos, es necesario que te transformes en un ser resiliente, y después tu tarea será aprender a criar hijos que lo sean también.

Por 

 https://familias.com/4091/la-resiliencia-caracteristicas-de-una-persona-resiliente


27 de marzo de 2017

EL OPTIMISMO




                     Imagen: "El verso de la mariposa". Ana Luisa Muñoz Flores



SIETE FORMAS PARA SER MÁS OPTIMISTA


En medio de las peores catástrofes naturales de la historia del norte de nuestro país, un cartel, escrito por un habitante de Copiapó, llamó la atención. Decía: "Sonríe, hay cosas peores".

No hay dudas de que el optimismo no fue repartido de forma pareja. Anclándonos por enésima vez a la famosa metáfora del vaso, todos conocemos personas que ven el vaso medio lleno, otros medio vacío y algunos que preguntarán sobre qué vaso estás hablando. 

¿Qué es lo que diferencia al hombre de Copiapó con aquel que lo tiene todo y aun así encuentra razones para quejarse? ¿Será genética? ¿O quizá lo que algunos llaman "inteligencia emocional"?

Si bien ciertas personas son más positivas por naturaleza, como nuestro compatriota de Copiapó, todos podemos entrenar, tal como en el deporte, a nuestro cerebro para ver las cosas con un lente optimista. 

Eso es lo que postula Shawn Achor, educador y investigador de Harvard, en su libro The Happiness Advantage (La felicidad como ventaja). Según Achor, entrenarnos en pequeños destellos de positividad eleva nuestros niveles base de felicidad, lo que impacta de manera importante nuestro desempeño. Esto es lo que él llama...


La felicidad como ventaja


Según Achor, la felicidad no es una consecuencia, es una causa. No logramos objetivos para ser felices; somos felices y por ello logramos nuestros objetivos.

El educador, quien cuenta con un magíster en Ética Cristiana y Budista, explica en su charla TED la importancia de invertir el paradigma.

Todo nació de la visita de un amigo suyo a Harvard y una oportuna pregunta: "Shawn, ¿por qué pierdes el tiempo estudiando la felicidad en Harvard? 

En serio, ¿qué puede tener un estudiante de Harvard para sentirse infeliz?".

"Implícito en esta pregunta está la clave de la ciencia de la felicidad" dice Achor "Porque lo que se asume con esa pregunta es que por el mundo exterior se puede predecir tu felicidad, cuando en realidad, si conozco tu mundo exterior, puedo predecir solo el 10% de tu felicidad a largo plazo".

Según las investigaciones de Achor, es el optimismo, la resiliencia y el apoyo social de las personas lo que determina hasta el 75% del éxito en su trabajo, no tanto su coeficiente de inteligencia.

El trabajo en terreno en más de 45 países respalda sus descubrimientos: Ser feliz afecta directamente nuestro desempeño. "El cerebro positivo es 31% más productivo que si está negativo, neutro o bajo presión. Trabajamos 37% mejor en ventas. 

Los doctores son 19% más rápidos, más precisos y más correctos en sus diagnósticos, si están positivos, que si están negativos, neutros o presionados. Lo cual indica que se puede invertir la fórmula. 

Si encontramos una manera de volvernos positivos en el presente lograremos aún mayores éxitos al poder trabajar más saludablemente, más rápido y con más inteligencia" comenta en la charla.


Siete formas de entrenarte


En su libro La felicidad como ventaja, el autor expone una serie de ejercicios para capitalizar las ventajas de la felicidad. Además de brindarnos "subidones" de emociones positivas que afectarán de forma inmediata nuestro desempeño, estos ejercicios, una vez incorporados en la rutina diaria, permitirán subir nuestros niveles básicos de felicidad de forma permanente.

1. Meditar:

Puede que nuestros cuerpos estén inmóviles, pero en la meditación suceden muchas cosas a nivel cerebral. Tanto así que neurobiólogos detectaron en monjes que pasan años meditando un crecimiento del córtex prefrontal, la parte del cerebro mayormente responsable de la emoción que conocemos como felicidad. "Investigaciones muestran que la meditación regular puede recablear el cerebro para elevar los niveles de felicidad, disminuir el estrés e incluso fortalecer el sistema inmune" escribe Achor.

Antes de que vayas a comprar ropas de monje y un pasaje a la montaña más cercana, hay que decir que no es necesario llegar a tal punto. Un estudio de Harvard publicado en 2011, demostró que después de 8 semanas de meditaciones diarias de 27 minutos, ya era detectable un aumento en la densidad de la materia gris del hipocampo de los participantes. Achor recomienda empezar con una meditación de 5 minutos.

2. Encuentra algo que esperar con anhelo:


"Frecuentemente, la parte que más disfrutamos de una actividad es la anticipación" escribe el académico, frase que inevitablemente nos transporta a alguna Noche Buena de nuestra niñez, cuando saltábamos alrededor del árbol tratando de adivinar lo que ocultaban esos envoltorios con renos y bastones de dulce (gracias por los calcetines, abuelita).

Estudios han demostrado que anticipar mentalmente una actividad agradable incrementa automáticamente nuestros niveles de endorfinas (un 27% en el caso de una película). Si no hay nada cercano sobre lo que emocionarse, Achor recomienda fijar algo, aunque sea lejano, en un calendario. Así lo tendremos a nuestra disposición cada vez que queramos ese "subidón".

3. Actos conscientes de bondad:

Un estudio que involucró a más de 2.000 personas demostró que los actos altruistas afectan positivamente nuestra salud, además de reducir estrés. Sostener la puerta, ayudar a cruzar la calle o pagar el pasaje de alguien, son actos cuyos efectos pueden durar días.
Achor cita las investigaciones de Sonja Lyubomirsky, quien descubrió que los efectos son más potentes cuando se concentran en una día de la semana. El académico recomienda escoger un día particular y esforzarse en hacer 5 de estos actos.

4. Inyecta ese optimismo a tu entorno:

Según Achor, el ambiente físico que nos rodea tiene un gran impacto en nuestra mentalidad y sensación de bienestar. Decorar tu oficina con cosas que te levanten el ánimo, caminar todos los días por un bonito sector y leer El Definido (je, je), son pequeñas acciones se suman y afectan positivamente tu día a día.

Igual de importante es evitar influencias negativas. Estudios han demostrado que mientras menos televisión negativa vemos, especialmente cosas violentas, más felices nos sentimos. Si las noticias te deprimen, apágala la tele.

5. Haz ejercicio:
Si nunca falta en cualquier lista sobre bienestar, es por algo. Reducir el estrés, disminuir los síntomas de depresión y ansiedad, mejorar el auto-estima y dormir mejor, son algunos de los beneficios de ejercitarse diariamente.
Ya sea caminando, en bici o saltando la cuerda, piensa en cómo incorporar a tu rutina algún ejercicio ¿Quizá no es tan necesario usar el ascensor en las mañanas?

6. Gasta (pero no en cosas):


"Contrario al dicho popular, el dinero puede comprar la felicidad, pero solo si se usa para hacer cosasen lugar de simplemente tener cosas" comenta Achor, quien cita el trabajo del economista Robert Frank publicado en su libro Luxury Fever. En este libro, Frank expone que gastar dinero en experiencias, sobre todo con otras personas, produce emociones positivas más potentes y duraderas que la compra de objetos materiales, y así lo han verificado diversos estudios.

En uno de estos estudios se entrevistó a más de 150 personas sobre sus últimos gastos, y se concluyó que las personas que gastaban en actividades, como salir a comer o ir a un concierto, obtenían mayor placer que aquellos que se compraban zapatos, un reloj o un televisor.

El académico recomienda crear una lista de los gastos y dividirla en dos columnas (cosas versus experiencias). A final de mes obtendrás una buena imagen de lo que estás haciendo actualmente, lo que te servirá como base para efectuar un cambio, si así lo deseas.


7. Ejercita una fortaleza:


Todos somos buenos en algo. Si necesitas un "subidón", Achor recomienda recurrir a estos talentos que nos hacen sentir bien.

En el libro sugiere una encuesta de "fortalezas de carácter" que se hace gratuitamente en Via Character. Un estudio que pidió a 577 personas ejercitar una de sus fortalezas todos los días durante una semana, concluyó que este grupo reportó mayor felicidad y menos depresión que otros grupos controlados. Y no solo eso: estos beneficios se mantuvieron incluso 6 meses después de finalizado el experimento.

En el caso de Achor, se trata del "amor por aprender", algo que incorpora durante los 300 días que viaja al año al buscar un dato histórico de cada ciudad que visita.

Entrena tu optimismo a lo Rocky

Ser optimista no se trata de sonreír hasta que se noten las grietas y la máscara se caiga a pedazos. Ser optimista es el resultado de un proceso mental que requiere trabajo. Estos ejercicios son el primer paso.
Entrena, entrena, y entrena. Y cuando sientas deseos de caer en el abismo del pesimismo, recuerda: "Sonríe, hay cosas peores".

¿Crees que el optimismo se puede aprender?

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