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28 de marzo de 2017

LA PERFECCIÓN, POLARIZANDO HACIA EL LADO POSITIVO







    Imagen: "Lirio". Ana Luisa Muñoz Flores



Podemos ir en busca de la Perfección, polarizando la situación hacia lo positivo.  

Contamos con un Gran Elemento Polarizador:  La Llama Violeta Transmutadora, capaz en su acción de elevar la acción vibratoria desde grados negativos, hacia grados muy positivos sobre la misma línea.  

Y a través del conocimiento de la Divina Presencia, del Cristo en el corazón podemos polarizar la energía de otro hermano, de un ambiente completo, si somos lo suficientemente inteligentes como para no dejarnos atrapar más por las vibraciones negativas que se emanan de mentes, sentimientos o comentarios que a veces encontramos en ciertas reuniones sociales o familiares.


Pero todo debe comenzar por nosotros mismos, si nos encontramos pensando algo que no es positivo, inmediatamente llevemos la atención hacia algo bello agradable que eleve los pensamientos y la actividad mental.


Lo mismo con los sentimientos, si algo nos produce desagrado, busquemos la forma de ver lo bello que siempre está presente en todo ser o condición.  No vamos a encontrar lo que no buscamos, o dicho de otra forma nos vamos a conectar exactamente con aquello en lo cual pongamos la atención.


Seguramente nos ha pasado de llegar a un lugar y percibir cierta “onda no buena” que nos hace sentir incómodos.   Tenemos aquí dos formas de actuar: una negativa y la otra positiva.   


La primera seria caer en el mismo error (por contagio) de los seres que están vibrando en baja.  La segunda es la acertada, apelar a algún Ser o Herramienta de Luz para elevar la acción vibratoria del lugar, y ayudar humanamente tratando de dar otro tono a la conversación o de conversar con los Ángeles para que Sus Presencias mejoren todo. 

Si sentimos que hermanos equivocados se están entreteniendo a través de chismes o comentarios críticos hacia algún ausente, transmutemos y también cambiemos la dirección de la charla hacia otro tema que capte su interés y así olviden ese uso negativo del verbo. 



Notaremos con esto, si lo realizamos con constancia, que seremos muy bien-venidos en todas partes, y tal vez no sepan el porqué, pero notarán que se sienten mejor con nuestra Presencia. Eso es polarizar ambientes y radiaciones y es algo muy práctico y cotidiano.


Podemos polarizar todo estado de ánimo en nosotros mismos desde la tristeza a la alegría, desde la inestabilidad al equilibrio, desde el miedo a la Fe...Sí, el miedo y la Fe son dos polos de una misma línea, el primero te sostiene en la incertidumbre y desolación, la segunda bien colocada te mantiene en la Paz y la Firmeza. 


Cuando actúa la primera es porque nos polarizamos con las cosas humanas (inestables) la Segunda cuando nos polarizamos con los Ángeles, Maestros, Llamas y Seres de Luz, con el Cristo y la Presencia "YO SOY", a través de quienes nos sentimos protegidos y seguros. 



No olvidemos que el bien y lo opuesto son sólo dos polos de una misma línea y dos opciones claras y definidas para crear nuestra calidad de vida.


Podemos polarizar el estado de carencia a un estado de opulencia, esto es sólo un estado de conciencia, por lo cual si elevamos y polarizamos la conciencia viendo todo lo que tenemos y no todo lo que nos falta, ya estaremos atrayendo aquello que decimos necesitar. 


El Maestro Saint Germain nos sugiere: “Cuando venga el pensamiento de esto es todo lo que tengo, córtalo de raíz y polarízalo declarando: “YO SOY la opulencia de Dios en mis manos y uso hoy”, y hazlo tantas veces hasta que tu conciencia sepa firmemente que esta es una Verdad y como tal así se manifestará. 

No permitas entrada a las dudas, ellas sólo cortan la acción de la Perfección llegando, en esa misma línea polariza hacia la Fe, de que la opulencia te está alcanzando y es para tu uso.”


Graba este concepto: No hay dos energías, toda energía es vida de Dios que calificamos en bien o lo contrario, a través de la cual bendecimos o lo contrario, y desde la cual recibimos una buena calidad de vida o lo contrario. 


Es por esto que la Polarización no falla, pues es el cambio de la cualidad de la energía que responde siempre al comando del "YO SOY".


Cuando esa energía vibra en Luz, verás que todo se soluciona, todo se desarrolla en tu vida con Armonía, con Paz, pero ponte alerta, si algo no está bien quiere decir que allí hay energía aprisionada con calificaciones no LUZ que está esperando esta Polarización hacia la Luz. 


Como el estado real y natural de la Energía es la LUZ, ella asistirá cada uno de tus dedicaciones por retornarla a ese confort.   Imagínate tus pies aprisionados en un calzado dos números más pequeño que el tamaño normal para ti.  ¿Qué piensas harían tus pies ante la opción de retornar al número correcto?   Te dirían con tanta fuerza como les permitieras (a través del dolor) “Cálzame con el número correcto.”


Así polarizarías a tus pies del dolor al confort., de la incomodidad a la comodidad.  Como es abajo es arriba, con la Energía pasa lo mismo. 


Si en tu familia está faltando Amor y Armonía, debes demandar transmutación de las causas por las cuales esto ocurre y polarizar las relaciones familiares con más Amor y Armonía.   Debes ofrecer lo que está faltando, en la misma cualidad.  Por ejemplo.  No puedes polarizar desde el calor hacia el Oeste. 

Ni desde el desamor hacia el frío. 

Pero si puedes y debes hacerlo sobre la misma cualidad hasta que veas el cambio en las conductas y comportamientos.  


Ten paciencia, estás aprendiendo y si no pues, también polarízate de la impaciencia a la paciencia, recordando que hay Seres que están asistiendo la Tierra por millones de años y aún están esperando que aprendamos a vivir con los Principios y no más en su contra (o sea en nuestra contra). Polariza de grado en grado, polariza de manera siempre positiva y tendrás todo lo que a ese polo pertenece.


Y a este polo pertenece la sonrisa y no el ceño fruncido; la Verdad, no la mentira; la prosperidad no la carencia; el color blanco, no el negro, lo superior, no lo inferior, la virtud, no el defecto.  La tendencia de la naturaleza te asistirá también, pues siempre se inclina en dirección a la actividad del polo positivo. 


Si hay algo que te desagrada en un hermano es porque te has polarizado en negativo, ves el defecto aparente y no has puesto la atención en su virtud, que seguramente la tiene. Encuéntrala y verás que el desagrado comienza a deslizarse hacia el agrado. 



Cabe muy oportuno recordar, la maravillosa Sabiduría Aplicada por el Amado Jesús cuando caminaba junto a Sus discípulos y encontraron en su camino a un perro en estado de descomposición bastante avanzado; la reacción de los discípulos fue de total desagrado y manifestaron esto en gestos y palabras. Jesús se acercó; miró el cuadro y dijo: “Que bellos dientes tiene, parecen perlas”.   

El Bendito Maestro polarizo instantáneamente lo negativo en positivo, encontrando tal vez lo único que podía ser rescatado de bueno en esa situación.  

Ese arte de polarizar era ya tan estado en EL que sólo veía la Perfección en cada ser que se le acercaba y así consiguió esas curas instantáneas, haciendo un llamado poderoso a la perfección siempre presente detrás de la apariencia imperfecta.


De la misma forma puedes polarizar enfermedad en salud, ya que sólo es elevar la conciencia a una de Salud Perfecta, hasta que cada célula asuma este comando y lo manifieste. 


Lo maravilloso de todo esto es que está al alcance de nuestras manos ahora, para comenzar aquí mismo donde estamos, sin comprar nada, ni ir a ningún lado, sólo aceptando en nuestra conciencia que esto es Verdad, y poniéndolo en práctica, porque cuando veas los cambios que se suceden en tu vida, nadie deberá convencerte de nada. 



La Ley hablara por si sola.   Dale esta oportunidad y date esta oportunidad de alcanzar y sostener una mejor calidad de vida.

Fuente: http://www.oshogulaab.com/MISCELANEA/4en1-1.htm

13 de enero de 2017

LA MASCULINIDAD ESTÁ MATANDO A LOS HOMBRES



Imagen: "Formas aberrantes" - José Luis Toledo Bravo






La masculinidad está matando a los hombres
               


Las tres palabras más dañinas que todo hombre recibe en su niñez es cuando se le emplaza a “ser un hombre” — Joe Ehrmann, entrenador y antiguo jugador de la NFL (Liga Profesional de Fútbol Americano). 


Original por Kali Halloway en Alternet, Masculinity is Killing Men: The Roots of Men and Trauma. 

"No nos engañemos, sabemos desde hace tiempo que muchos hombres están muriendo por culpa de la masculinidad. Mientras que la construcción de lo femenino nos exige a las mujeres ser delgadas, bellas, serviciales y al mismo tiempo, en un precario equilibrio, virginales y follables, la construcción de lo masculino obliga a los hombres demostrar y redemostrar constantemente que, bueno, son eso: hombres. 

Ambos conceptos son destructivos pero si nos atenemos a las estadísticas, el número de hombres incluidos y afectados y su, comparativamente, exigua esperanza de vida dan prueba de que la masculinidad es una asesina más efectiva, neutralizando a sus objetivos de manera más rápida y en mayores números. 

El número de víctimas atribuibles a la masculinidad versan en torno a sus manifestaciones más específicas: alcoholismo, adicción al trabajo y violencia. Aunque no maten explícitamente, sí provocan una especie de muerte espiritual, causando trauma, disociación e, inconscientemente, depresión. (Estos elementos empeoran si nos movemos en términos de raza, clase, orientación sexual y otros factores de opresión, pero concentrémonos en la primera infancia y en la socialización adolescente de manera global.) Citando a la poeta Elizabeth Barret Browning: “no es en la muerte donde los hombres en su mayoría fenecen”. Y, para muchos, el proceso comienza mucho antes de llegar a la adultez. 

La emocionalmente dañina masculinización comienza antes de la adolescencia para muchos chicos, en la más tierna infancia. El psicólogo Terry Real, en su libro I Don’t Want to Talk About It: Overcoming the Secret Legacy of Male Depression (No quiero hablar de ello: superar el secreto legado de la depresión masculina) de 1998, desmenuza varios estudios en los que se nos explica que padres y madres, inconscientemente, proyectaron en las criaturas una especie de “masculinidad” innata, y, por tanto, una menor necesidad de confort, protección y afecto justo tras haberse producido el alumbramiento y pese a que los bebés no poseen comportamientos categorizables por género.

De hecho, los bebés suelen comportarse de maneras que nuestra sociedad define como “femeninas”. Como Real nos expone: las criaturas llegan a este mundo con una dependencia, expresividad y emociones idénticas, y con el mismo deseo de afecto físico. 

En los primeros estadios de la vida, todas las criaturas se ciñen más a lo que estereotípicamente se define como femenino. De existir alguna diferencia, está precisamente en los asignados hombres, más sensibles y expresivos que sus pares femeninas. Lloran más a menudo, parecen más frustrados y muestran más enfado cuando la persona al cargo de sus cuidados abandona la sala. 

Tanto padres como madres se imaginaron diferencias inherentes al sexo de sus criaturas, asignadas un género u otro. Aunque los especialistas sanitarios se encargaron de medir su peso, tamaño, nivel de altura y fortaleza, los progenitores informaron mayoritariamente que las criaturas asignadas mujeres eran más delicadas y “dulces” que las asignadas hombres, a los que imaginaban más grandes y, por lo general, más “fuertes”.

Cuando se ofreció a un grupo de 204 adultos un visionado de la misma criatura llorando y se le entregó a cada persona información distina sobre el género asignado de la criatura, adjudicaron a la criatura “hembra” una actitud miedosa, mientras que a la criatura “macho” la describieron como “colérica”. 

De manera intuitiva, estás diferencias perceptivas provocan a su vez diferencias correlativas en el cuidado parental que posteriormente se acaba aplicando a estas criaturas ya asignadas hombre. En palabras del personal al cargo del estudio: “parecería razonable asumir que una criatura a la que se considera asustada reciba más cariño que una que parece enfadada”. 

Esta teoría se ve reforzada por otros estudios que cita Real. Todos coinciden en que “en el momento del nacimiento, a las criaturas asignadas hombre se les habla menos que a las asignadas mujer, se les reconforta menos, se les alimenta menos”. En resumidas cuentas, los recortes emocionales hacia nuestros hijos comienzan en el mismo umbral de su vida, en el momento más vulnerable de la misma. 

Es este un patrón recurrente a través de toda la infancia y adolescencia. Real hace referencia a un estudio en el cual se nos muestra que tanto madres como padres pusieron énfasis en los “logros y competitividad de sus hijos”, y les enseñaron a “controlar sus emociones”, o lo que es lo mismo, instruir tácitamente a los chicos a ignorar o minimizar sus necesidades o deseos emocionales.

De manera similar, tanto padres como madres son más estrictas hacia sus hijos, actuando presumiblemente bajo la premisa de que “pueden con ello”. Beverly I. Fagot, la fallecida investigadora y autora de The Influence of Sex of Child on Parental Reactions to Toddler Children (La Influencia del género de las criaturas preadolescentes ante reacciones parentales), descubrió que tanto padres como madres ofrecían estímulo positivo a sus criaturas ante las muestras de comportamiento “cis” (opuesto a un comportamiento “trans”).

Progenitores que explícitamente se mostraban partidarias de la igualdad de género ofrecían, por el contrario, más respuestas positivas a sus hijos cuando jugaban con Legos y más respuestas negativas a sus hijas cuando mostraban actitudes “deportivas”. Se premiaba más los momentos de juego sin vigilancia parental, o “logros individuales” a los chicos y se mostraban más respuestas positivas a las chicas cuando estas requerían ayuda. 

Como norma, estos progenitores ignoraban el papel activo que estaban jugando en la socialización de sus hijos con arreglo a roles de género. Fagot incluye que todas estas personas adultas afirmaron que educaban de manera ecuánime a sus criaturas, sin prestar atención a su género asignado, una afirmación rebatida totalmente por las conclusiones del estudio. 

Sin duda, estas prontas lecciones transmiten mensajes nefastos tanto a niños como a niñas, con consecuencias irreparables. Sin embargo, mientras que , como afirma Terry Real, “a las chicas les está permitido conservar la expresividad emocional y cultivar la conectividad”, a los chicos se les educa para eliminar esas emociones e incluso se les inculca que su masculinidad depende casi exclusivamente de ello. 

Muy a pesar de esta realidad carente de lógica, nuestra sociedad ha abrazado completamente el concepto de que la relación entre virilidad y masculinidad es, de algún modo, fortuita y precaria, y se ha tatuado a fuego el mito de que “los chicos habrán de convertirse en hombres… que los chicos, en oposición a las chicas, deben alcanzar la sagrada masculinidad”. 

Nuestros pequeños naturalizan estas ideas desde una pronta edad; debatiendo con Real, me informó de estudios que sugieren que estos jóvenes comienzan a ocultar sus sentimientos desde los 3 o los 5 años. “No es que posean menos emociones, es que ya van aprendiendo las reglas del juego: que mejor no las muestren”. 

Los chicos, según el imaginario popular, se convierten en hombres no solo creciendo, sino siendo sometidos a toda esta socialización. Sin embargo, Real también añade algo que para chicos cis puede parecer obvio: “no necesitan que nadie les haga hombres, ya lo son. Los chicos no necesitan desarrollar su masculinidad”. 

Es inconmensurable la influencia de imágenes y mensajes sobre masculinidad implícitos en nuestros medios de comunicación. Miles de series y películas lanzan propaganda a los jóvenes (y a todo el mundo, en realidad) no tanto sobre cómo hombres (y mujeres) ya somos sino cómo deberíamos ser. 

Aunque hoy día existe mucho material académico sobre la representación de la mujer en los medios de comunicación y también existen miles de análisis deconstructivos de sus perniciosos efectos gracias a feministas, no existe tanto análisis sobre las construcciones masculinas en los mismos. 

Aún así, reconocemos claramente las características que mediáticamente se valoran entre los hombres en películas, televisión, videojuegos, tebeos, etc.: fortaleza, valor, independencia, la habilidad de proveer y proteger. 

Mientras que las representaciones masculinas se han complejizado, se han hecho más variadas y humanas en estos últimos años (ya hace tiempo de El Sargento de Hierro y del arquetipo de Supermán), aún permanece ese privilegio de algunas características “masculinas” sobre otras. 

En palabras de Amanda D. Lotz en su libro de 2014, Cable Guys: Television and Masculinities in the 21st Century, Chicos de antena: televisión y masculinidades en el siglo XXI, aunque las representaciones masculinas en los medios se han diversificado, “la narración, por otra parte, ha llevado a cabo una importante labor ideológica apoyando de manera constante a personajes masculinos construidos desde el heroísmo o la admiración, denostando al resto. 

De esta manera, aunque las series de televisión han ampliado su muestra de tipos de hombre y masculinidades, han conservado su “preferencia” o “predilección” por un tipo de masculinidad cuyos atributos se idealizan constantemente. 

Conocemos de sobra a este tipo de personajes que se repiten hasta la saciedad. Son los héroes de acción indomables, los psicópatas folladores de Grand Theft Auto, los padres de sitcom alérgicos al trabajo doméstico casados inexplicablemente con bellísimas esposas, los veinteañeros porretas sin oficio ni beneficio que se las apañan para ligarse a la tía buena al final; y, aún, el férreo Superman. Incluso el sensible y amoroso Paul Rudd de algún modo se “masculiniza” antes de los títulos de crédito de sus películas. 

Es importante reseñar aquí que un estudio de Antiviolencia en televisión concluyó que, de media, los hombres de 18 años en Estados Unidos ya han visionado 26.000 asesinatos en pantalla, “la mayoría de ellos, cometidos por otros hombres.” Añadid ahora estos números a la violencia en el cine u otros medios y las cifras son astronómicas. 

La pronta anulación de los sentimientos en los chicos y nuestra insistencia colectiva para que permanezcan en ese camino han traído como consecuencia el cisma entre ellos y sus sentimientos y entre ellos mismos y sus yos más vulnerables. La historiadora Stephanie Coontz ha llamado a esto la “mística masculina”. 

Deja a las pequeñas criaturas asignadas hombre y posteriormente, a los hombres adultos, desmembrados emocionalmente, con pánico a mostrar debilidad y la mayoría de las veces incapaces de acceder satisfactoriamente, reconocer o enfrentarse a sus sentimientos. 

En su libro, Why Men Can’t Feel (El porqué de la asensibilidad masculina), Marvin Allen afirma que “estos mensajes animan a los chicos a ser competitivos, a centrarse en los logros externos, depender de su intelecto, soportar el dolor físico y reprimir sus sentimientos de vulnerabilidad. Cuando alguno de ellos viola el código, lo común es humillarle, ridiculizarle o avergonzarle.” 

El cliché cultural sobre los hombres totalmente disociados de sus sentimientos no tiene nada que ver con la virilidad, más bien es el indicativo de unos códigos de conducta religiosamente transmitidos, en su mayoría por padres y madres bienintencionadas y globalmente por la sociedad.

En palabras de Terry Real en la charla que mantuvimos, este proceso de desconexión de los chicos de su yo “femenino”, o, más adecuadamente, “humano”, es tremendamente dañino. “Cada paso es perjudicial”, indica Real, “es traumático. Es traumático que te fuercen a abdicar de la mitad de tu propia humanidad”. 

Este dolor se aplana una vez que los hombres canalizamos nuestros sentimientos de necesidad emocional y vulnerabilidad. Mientras que las mujeres naturalizan su dolor, los hombres lo exteriorizamos, hacia nosotros mismos o hacia otros. En palabras de Real, las mujeres “se responsabilizan, se sienten mal, lo saben y luchan por dejar de estarlo. Los hombres solemos externalizar el estrés. Lo exteriorizamos y nos olvidamos de nuestra responsabilidad en ello. Es lo contrario a la autoinculpación, es como sentirse una víctima colérica. 

La Asociación Nacional de Trastornos Mentales recoge en sus datos que, incluyendo criterios de etnicidad, las mujeres son el doble de propensas a sufrir depresión que los hombres, pero Real está convencido de que los comportamientos exteriorizantes de los hombres sirven para enmascarar depresión, que en la mayoría de casos nunca obtiene ni diagnóstico ni reconocimiento. 

Ejemplos de estos comportamientos destructivos abarcan desde lo socialmente permitido, como la adicción al trabajo, a lo punible, como la adicción a las drogas o la violencia. Los hombres tienen el doble de posibilidades de ser víctimas de trastornos de ira. 

Según datos del Centro de Control de Epidemias de Atlanta, los hombres ingieren más alcohol estadísticamente que las mujeres, ocasionando “una tasa más alta de hospitalizaciones y muertes relacionadas con la ingesta de alcohol. (Posiblemente porque hombres bajo la influencia del alcohol tienen más posibilidades de entablar otras conductas de riesgo, como el exceso de velocidad al vehículo o circular sin cinturón de seguridad)”. 

Los chicos tienen más probabilidad de consumir drogas antes de los doce que las chicas, lo que da lugar a una tasa más alta de consumo de drogas en hombres que en mujeres en edades más avanzadas. 

Los hombres en Estados Unidos son más susceptibles de asesinar (90’5% de todos los asesinatos) y de ser asesinados (76’8% de las víctimas), algo que también se extiende a ellos mismos: los hombres disponen de su propia vida cuatro veces más que las mujeres, y copan el 80% de los suicidios.” (Es interesante que por el contrario, las estimaciones de intentos de suicidio entre mujeres sean tres o cuatro veces superiores a la de los hombres.) Y según Prisiones, el 93% de la población reclusa son hombres. 

Los efectos dañinos de este sesgo emocional que ya hemos detallado también interfieren en la brecha de género de la esperanza de vida. Según Terry Real: 

“La voluntad masculina para minimizar la debilidad y el dolor es tal que ha pasado a ser un factor de disminución de esperanza de vida. Los diez años de diferencia entre la esperanza de mujeres y hombres poco tiene que ver con la genética. 

Los hombres morimos antes porque nos descuidamos: tardamos más en reconocer que estamos enfermos, tardamos más en pedir ayuda y una vez que nos ha sido asignado un tratamiento, somos menos consecuentes con él que las mujeres”. 

La masculinidad es difícil de conseguir e imposible de mantener, un hecho que Real incluye y que queda de manifiesto en la frase “frágil ego masculino”. Como la autoestima masculina descansa temblorosamente sobre el frágil suelo de la construcción social, el esfuerzo para mantenerla es agotador. 

Intentar evitar la humillación que queda una vez esta se ha desvanecido puede llevar a muchos hombres a finales peligrosos. No pretendo absolver a muchos hombres de la responsabilidad de sus actos, solo señalar las fuerzas que subyacen bajo este sistema de conductas que comúnmente atribuimos a criterios individuales, ignorando sus causas de fondo. 

James Giligan, exdirector del Centro de Estudios sobre Violencia de la Facultad de Medicina de Harvard ha escrito numerosos tomos al respecto de la violencia masculina y sus fuentes. 

En una entrevista en 2013 para MenAlive, un blog de salud masculina, Giligan habló de sus conclusiones: “aún no he descubierto una sola muestra de violencia que no haya sido provocada por una experiencia de humillación, falta de respeto y ridiculización y que no representara un intento para prevenir o deshacer esa “caída de máscara”, independientemente de lo severo de su castigo, incluyendo la muerte”. 

Muy a menudo, hombres que sufren continúan haciéndolo en soledad porque creen firmemente que mostrar su dolor personal es equivalente a haber fracasado como hombres. “Como sociedad, respetamos más a los heridos silentes, explica Terry Real, a aquellos que ocultan sus dificultades, que a aquellos que dejan fluir su estado”.

 Y, como con otras cosas, el coste, tanto humano como en dinero real, de no reconocer esta tortura masculina es mayor que el de atender estas heridas, o evitar provocarlas desde un principio. Es de vital importancia que nos tomemos en serio lo que le hacemos a los pequeños asignados hombre al nacer, cómo lo hacemos y el altísimo coste emocional provocado por la masculinidad, que convierte a pequeños emocionalmente completos en adultos debilitados sentimentalmente. 

Cuando la masculinidad se define mediante su ausencia, cuando se asienta en el concepto falaz y absurdo de que la única manera de ser un hombre es no reconocer una parte esencial de ti mismo, las consecuencias son despiadadas y parten el alma. 

La disociación y desarraigo consecuentes dejan al hombre más vulnerable, susceptible y en necesidad de muletas para soportar el dolor creado por nuestras solicitudes de masculinidad. 

De nuevo en palabras de Terry Real: “para las mujeres, la naturalización del dolor las debilita y dificulta el establecimiento de una comunicación directa. La tendencia de un hombre deprimido a externalizar el dolor puede convertirle en alguien psicológicamente peligroso.” "

Fuente: 

La masculinidad está matando a los hombres: la construcción del hombre y su desarraigo





Ana Luisa Muñoz Flores- Chile- Enero 13 de 2017


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