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31 de marzo de 2017

LA CONECTIVIDAD MÍSTICA




    Imagen: "Plegarias de luna". Ana Luisa Muñoz Flores


 La conectividad mística

Este tipo de conectividad es el más antiguamente expresado, pues aparece explicitado tanto en los mensajes milenarios de las tradiciones místicas
espirituales (hinduismo, budismo, taoísmo, sufismo, cábala judía, gnosticismo, cristiano, chamanismo), como en la llamada “filosofía perenne” a ellas ligada, llamada así por Aldous Huxley (1992) para definir el pensamiento sapiencial derivado de la experiencia mística del ser como camino de liberación interior (visible en gran medida desde las obras de Heráclito a las de Fromm).
 Tanto la mística como la filosofía perenne subrayan un fenómeno: la trama unificada de la vida se constituye en la red subyacente que define la Unidad de la Realidad última, que la cultura sólo puede captar mediante su propia transcendencia crítica reflexiva.
 Estas tradiciones místicas, estas filosofías no especulativas de la vida son, del mismo modo que ocurre con las corrientes científicas discrepantes en relación a la ciencia dominante, minoritarias e incómodas dentro de sus respectivas tradiciones religiosas, formalizadas en instituciones, dogmas y jerarquías confesionales, si bien ahora pueden confluir debido a la intensificación de los procesos globalizadores.
Efectivamente, muchos siglos antes de que se impusieran la división cartesiana y el concepto mecanicista del mundo, las tradiciones místicas subrayaron la idea de unidad que implica conectividad e interdependencia, una idea a la que la nueva ciencia parece estar volviendo. De hecho, como ha enfatizado Capra (2007), los elementos básicos de la concepción oriental del mundo son los mismos que se desprenden de la física moderna.
Los dos temas básicos de esta concepción son la unidad e interrelación de todos los fenómenos y la naturaleza intrínsecamente dinámica del universo.
Por ello no debe extrañar que los criterios enunciados para la nueva ciencia tengan su correlato previo en las enseñanzas de las tradiciones místicas, especialmente las orientales.
Así sucede en la consciencia de la unidad e interrelación mutua de todas las cosas y acontecimientos, pues la experiencia de todos los fenómenos como manifestaciones de una unidad básica es también la característica más común de la mística.
 Todas las cosas se ven como interdependientes, inseparables, y como modelos transitorios de la misma realidad última.
En segundo lugar la centralidad del proceso también está presente en lo místico, y lo mismo sucede con la idea de que el conocimiento místico nunca puede lograrse mediante una observación desapegada y objetiva, pues siempre exige una participación con todo el ser, de manera que se llega a un punto donde desaparece la distinción entre lo observado y el observador.
En cuarto lugar, tampoco se acepta en el pensamiento oriental la existencia de entidades fundamentales (mientras el pensamiento griego, origen del occidental, postula la reducción de la naturaleza a sus fundamentos básicos y propugna el dualismo entre materia y espíritu).
 Bien al contrario, en el pensamiento místico oriental domina la visión del universo como un entramado de relaciones sin entidades fundamentales.
Por último, mientras la nueva ciencia admite que no se puede tratar con la verdad, el misticismo persigue el conocimiento absoluto mediante la experiencia mística de la unidad del todo.
La física cuántica se ocupa de la materia para llegar a ponerla en cuestión, mientras la mística se ocupa de lamente y el espíritu para contemplar la materia desde otra óptica, si bien ambas “formas de conocimiento”, por utilizar la terminología de Feyerabend (2009), insisten en la interrelación e interdependencia como esencias de la realidad última.
 Fuente:





7 de enero de 2017

LA ÉTICA ECOLÓGICA




Imágen: Mi jardín-Ana Luisa Muñoz Flores


La ética ecológica: la responsabilidad por el planeta, la ética de la sociedad dominante hoy es utilitarista y antropocéntrica. Considera al conjunto de los seres como algo al servicio del ser humano, que puede disponer de ellos a su antojo atendiendo a sus deseos y preferencias. 


Cree que el ser humano, hombre y mujer, es la corona del proceso evolutivo y el centro del universo. Lo ético sería desarrollar un sentido del límite de los deseos humanos por cuanto éstos conducen fácilmente a procurar la ventaja individual a costa de la explotación de clases, sometimiento de pueblos y opresión de sexos. 

El ser humano es también, y principalmente, un ser de comunicación y de responsabilidad. Entonces lo ético sería también potenciar la solidaridad generacional en el sentido de respetar el futuro de los que aún no han nacido. 

Y, finalmente, ético sería reconocer el carácter de autonomía relativa de los demás seres; ellos también tienen derecho a continuar existiendo y a coexistir con nosotros y con otros seres, puesto que han existido antes que nosotros y, durante millones de años, sin nosotros. 

En una palabra, ellos tienen derecho al presente y al futuro. Todo esto hay que hacerlo y poner los medios para ello. 

Pero también tiene un límite: si detrás de la ética no hay una mística, una nueva espiritualidad, es decir, un nuevo pacto del ser humano con todos los demás seres, fundando una nueva religación (de donde viene religión). Se corre el riesgo de que esa ética degenere en legalismo, moralismo y hábitos de comportamiento de contención y no de realización jovial de la existencia en relación reverente y afectuosa para con los demás seres. (1) 


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(1) Cfr. Boff, Leonardo (2014): El ser humano: parte consciente e inteligente de la Tierra 

http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=642

Ana Luisa Muñoz Flores- Chile- Enero 07 de 2017
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