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11 de marzo de 2019

Capitalismo y patriarcado: la doble desigualdad de la mujer.




Imagen:"El poder y la diferencia2. Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores



Capitalismo y patriarcado: la doble desigualdad de la mujer

Evelyn Martínez*
Martes 9 de agosto de 2011, por Revista Pueblos
"Si bien el patriarcado surgió mucho antes que apareciera el capitalismo, es precisamente con la aparición del último donde se refuerza y profundiza la división sexual del trabajo: el trabajo para el mantenimiento de la vida (trabajo reproductivo o del cuidado) atribuido a las mujeres, y el trabajo para la producción de los medios de vida atribuido a los hombres. Cuando aparece la producción excedentaria surge la necesidad de la acumulación de la riqueza y la división del trabajo en la familia sirvió de base para distribuir la propiedad entre hombre y mujer, como sostiene Engels “el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino” .

A partir de entonces, la esfera de lo reproductivo pasó a ocupar un segundo plano, después pasó a institucionalizarse mediante la costumbre, la religión y las leyes, que le asignaban la “superioridad” a lo masculino sobre lo femenino. Las desigualdades de género, como vemos, se han ido reproduciendo, desde entonces hasta la fecha, por imposición social, lo que conlleva a que actualmente pervivan grandes desigualdades económicas entre hombres y mujeres.
¿Cómo se refuerzan mutuamente capitalismo y patriarcado? Hay que recordar que el capitalismo es un sistema económico basado en relaciones de explotación y de expoliación cuyo objetivo es la búsqueda de la mayor ganancia posible a través de la reducción progresiva de costos. El patriarcado es una forma de organización política, social, económica, ideológica y religiosa basada en la idea de la autoridad y superioridad de lo masculino sobre lo femenino, fundamentada ridículamente en mitos y que se reproduce a través de la socialización de género [1].

El capitalismo y el patriarcado les niegan a las mujeres tener acceso y control sobre los recursos económicos internos y externos (acceso y control), permiten que se mantenga invisibilizado el aporte del trabajo doméstico o reproductivo en los agregados macroeconómicos. Bajo estas condiciones, las mujeres son explotadas y expoliadas, al igual que los hombres bajo el sistema capitalista; pero con un impacto diferenciado.

El trabajo doméstico y del cuidado permite mantener las condiciones de explotación y de sobreexplotación de la fuerza de trabajo en nuestro país, puesto que genera y transfiere valor, aunque no pase por el mercado como el trabajo asalariado. Considerando que el valor de la fuerza de trabajo se mide por la suma en dinero que asegura cubrir los medios de vida que garanticen su reproducción, datos calculados por el PNUD para 2008 indicaban que el salario promedio de los y las trabajadoras salvadoreñas que tenían empleo decente, como indicador indirecto para conocer cuál debería ser el valor monetario con el cual se lograría reproducir la fuerza de trabajo, era de $553.50 [2], mientras que el promedio nacional de salarios era de $ 247.4.

¿Cómo se pueden mantener los salarios promedios por debajo del valor de la fuerza de trabajo? La producción de bienes y servicios para el autoconsumo del hogar es uno de los principales factores que permiten que una parte del costo de reproducción de la fuerza de trabajo de las familias, que no cubren los bajos salarios que pagan las empresas capitalistas, sea cubierto por la producción doméstica, y esto permite mantener las altas tasas de ganancia del sector capitalista. Según el mismo informe del PNUD, el 89% del trabajo reproductivo, es realizado por mujeres y sólo el 11%, por hombres. El trabajo reproductivo no remunerado se convierte en un instrumento indirecto de la valorización de capital.

En los últimos diez años se han mantenido las desigualdades en cuanto al acceso y control de recursos económicos que permitan la autonomía económica de las mujeres; por ejemplo, los hombres tienen más acceso al trabajo remunerado que las mujeres debido a que las mujeres son las que mayormente asumen las responsabilidades domésticas, en cuanto al acceso a propiedad de empresas existe una brecha muy marcada entre hombres y mujeres. 

El modelo neoliberal, a través de los ajustes fiscales y la reducción del gasto social, ha provocado que la carga del trabajo doméstico se incremente, puesto que la reducción del gasto social se traduce en eliminación o “focalización” de subsidios, escasez de medicamentos, reducción de los servicios sociales públicos, lo que contribuye a que se dediquen más horas de trabajo no remunerado a los cuidados de personas adultas, niñez, y discapacitados. Los impactos ocasionados por los programas de ajuste no han sido neutrales con respecto al género.

No sólo se trata de “incluir a las mujeres” en las cuentas y en los indicadores de las estadísticas nacionales, sino más bien de cambiar la lógica del funcionamiento del sistema económico, cambiar la lógica de la acumulación por la lógica del mantenimiento de la vida, en todas sus formas.

En relación a la nueva lógica, existen dos corrientes que abordan el tema de género de acuerdo al grado de ruptura con paradigmas androcéntricos, que proponen una nueva redefinición de la economía tanto en lo relativo a la epistemología, como a los conceptos y los métodos, éstas son la economía feminista de la conciliación y la economía feminista de la ruptura [3]. La economía feminista de la conciliación pretende redefinir los conceptos fundacionales de la economía y trabajo, recuperando el conjunto de actividades femeninas invisibilizadas-condensadas en el trabajo doméstico-y conjuga esta recuperación con los conceptos previos: se redefine el concepto de trabajo, se trata de medir el trabajo domestico, se visibilizan las relaciones de género de desigualdad (diferencias entre el trabajo de mercado y trabajo doméstico entre hombres y mujeres).

La economía feminista de la ruptura pone en el centro del análisis la sostenibilidad de la vida, explora las consecuencias de esto en el cuestionamiento de todas las concepciones conceptuales y metodológicas previas y, por otro, atender no sólo a las diferencias entre hombres y mujeres, sino a las relaciones de poder entres las propias mujeres.

Para la economía feminista de la ruptura la producción y reproducción no tienen el mismo valor per se, sino en la medida en que colaboren o impidan el mantenimiento de la vida. Sostiene que las necesidades humanas son a la vez necesidades de bienes y servicios como también de afectos y relaciones, las facetas material e inmaterial deberían de entenderse conjuntamente.

El paradigma alternativo que trata de construir la economía feminista de la conciliación y de la ruptura también debe de incluir el aspecto de la ecología en el análisis del proceso de producción y de reproducción, ya que también es preciso tenerlo presente en el análisis de la sostenibilidad de la vida. 

Bajo la crisis actual a la que nos ha llevado el capitalismo y que no sólo es económica sino también ecológica, social y política; es necesario integrar dentro de los paradigmas teóricos de la economía tanto la igualdad de género como el principio de la sustentabilidad ambiental en los procesos de producción y consumo. En ese sentido, la economía, como propone la teoría feminista de la ruptura, debe no sólo preocuparse por la reproducción de la vida humana sino también de la reproducción de la vida en todas sus formas. ___ *Evelyn Martínez

Notas

[1] El proceso de socialización de género se refiere al proceso mediante el cual se le atribuyen una serie de estereotipos, roles y normas a hombre y mujeres, permite hacer que parezca natural la desigualdad y la discriminación contra las mujeres. Ver: Martínez, Julia Evelin, Patriarcado para principiantes, Contrapunto, 2011, en: http://www.contrapunto.com.sv/columnistas/patriarcado-para-principiantes.
[2] PNUD. Informe de Desarrollo Humano 2007-2008. El Empleo en uno de los pueblos más trabajadores del mundo. PNUD. 2009.
[3] Pérez Orozco, Amaia. “Economía del Género y Economía Feminista ¿Conciliación o ruptura?” En: Revista Venezolana de Estudios de la Mujer. Vol. 10, Nº 24. Caracas, Venezuela. 2005.

28 de julio de 2017

La Política Matriarcal (2º Congreso Internacional de Estudios Matriarcales). Ana Luisa Muñoz Flores.




                       Imagen:  "Aymará". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores

20 de abril de 2010

La Política Matriarcal (2º Congreso Internacional de Estudios Matriarcales)

Extracto que he traducido de: http://www.hagia.de/documents/declaration.pdf

SOCIEDADES DE PAZ

Segundo Congreso Mundial de Estudios Matriarcales
29 sept.-22 oct. 2005 San Marcos, Texas, USA

En 2005, el Segundo Congreso Mundial de Estudios Matriarcales, titulado SOCIEDADES DE PAZ tuvo lugar en la Universidad Estatal de Texas, en San Marcos. Fue posible gracias al generoso patrocinio de Genevieve Vaughan, directora y fundadora del "Centro para el estudio de la economía de la donación", y guiada por la Dra. Heide Goettner-Abendroth, directora fundadora de HAGIAAcademia Internacional para los Estudios Matriarcales, en Alemania.

Fue el evento que sucedió al Primer Congreso titulado SOCIEDADES EN EQUILIBRIO, que tuvo lugar en Luxemburgo en 2003. Dicho primer congreso fue patrocinado por la Ministra de la Familia y Asuntos de la Mujer de dicho país, Marie-Josée Jacobs, e igualmente organizado por la Dra. Goettner-Abendroth.

Ambos congresos fueron eventos muy innovadores, porque presentaban las sumamente malinterpretadas sociedades matriarcales -con participación básicamente femenina- al amplio público. Las sociedades matriarcales tienen una estructura social no violenta. Se basan en la igualdad de género. Sus decisiones políticas se toman por consenso. Principios intuitivos y experienciales, y una línea de trabajo social, garantizan una vida pacífica para todxs. Antes de la inauguración de los Estudios Matriarcales Modernos, hace 30 años, los matriarcados no habían sido estudiados de forma imparcial por las ciencias sociales occidentales. Las sociedades matriarcales tienen una larga y fascinante historia, y a pesar de la destructiva falta de respeto a la que han sido sometidas, continuan existiendo en varios continentes.

(...)

El último día del congreso, se desarrolló una declaración política. Los ponentes y muchos participantes (unas 350 personas) expresaron sus ideas para generar alternativas concretas y soluciones prácticas al sistema patriarcal de explotación, y qué pasos podrían tomarse para promover la recuperación de estas sociedades pacíficas. Esta declaración enfatiza el sentido político de ambos de estos congresos y de los Estudios Matriarcales modernos.


1. ¿Qué es la política matriarcal?

Dra.Heide Goettner-Abendroth (Alemania)

Se basa en los estudios modernos de los matriarcados, y su objetivo es crear una sociedad pacífica y una economía igualitaria. Las sociedades matriarcales, cuyos patrones han sobrevivido durante miles de años, pueden demostrarnos claramente cómo conseguirlo. Su economía, política, organización social y espiritualidad están inevitablemente conectadas, y el propósito de todas ellas es proveer una vida de calidad a todo el mundo.
Económicamente, la lección de los matriarcados consiste en desarrollar una nueva economía de subsistencia, basada en unidades locales y regionales. Es autosuficiente y crea círculos de reparto de talentos. Las mujeres son los pilares de estas estructuras económicas. La regionalización bajo la guía de las mujeres es una vía hacia la economía matriarcal.
A nivel social, aprendemos de los matriarcados a crear y apoyar comunidades basadas en la afinidad. Son formadas sobre la base de una compenetración filosófico-espiritual entre todos sus miembros, que confraternizan por elección propia. Forman un matri-clan simbólico, porque dichos clanes son iniciados, creados y liderados por mujeres. Los factores decisivos son las necesidades de las mujeres y los niños que serán el futuro de la sociedad. Los hombres se integran y son tratados como iguales.
A nivel político, el principio matriarcal del consenso es de suma importancia para una auténtica sociedad igualitaria. Es el fundamento para la creación de nuevas comunidades matriarcales. Los matri-clanes simbólicos son quienes toman las decisiones reales, incluso si el principio de consenso se amplia a niveles locales o regionales.
A nivel cultural, la lección de los matriarcados es dejar atrás toda religión jerárquica como exigencia de autenticidad. En vez de ello, es necesario contemplar el mundo como sagrado, amarlo y protegerlo, porque todo en el mundo es "divino". La espiritualidad matriarcal incluye la tolerancia matriarcal: nadie debe "creer" en nada. No existe el dogma, sino la participación en la continua, multiple celebración de la vida y del mundo visible.

Declaración Política Colectiva
leída por Genevieve Vaughan

La Política Matriarcal Internacional se sitúa frente la homogeneización capitalista patriarcal supremacista y la globalización de la miseria. Se sitúa a favor de la igualdad, la diversidad y la economía del corazón. Muchas sociedades matriarcales aún existen por todo el planeta, y proponen una alternativa, un modelo de afirmación de la vida frente al capitalismo rampante del patriarcado.
El movimiento para preservar etnias minoritarias debería reconocer la especificidad e importancia de los matriarcados, y la contribución de dichas sociedades a la salud moral de nuestro mundo. Sin embargo, están siendo atacadas por constantes olas de globalización. Por ejemplo, Walmart está entrando en Juchitán, donde mercados locales controlados por mujeres e integrados en relaciones y prácticas vitales serán siendo sustituidos y borrados del mapa. Bajo el disfraz del progreso, este colonialismo económico engaña a la población para que abandonen sus valiosas conquistas culturales a cambio de falsas promesas de trabajo y una vida mejor.
Desde el respeto mutuo y honorando nuestra diversidad, llamamos a las mujeres al compromiso activista para preservar los matriarcados existentes y reconocerse a sí mismas como personas matriarcales atrapadas en la trampa del capitalismo.
Nos oponemos a las políticas de gobiernos y empresas que desposeen a las personas de su herencia cultural y espiritual, incluyendo el tesoro de las lenguas indígenas. El patriarcado capitalista está rompiendo las leyes de la Madre Naturaleza, invadiendo lugares sagrados, y exterminando la biodiversidad que ha sido el sustento de pueblos nativos durante milenios. Es un acto moral arrancar y eliminar el maíz transgénico, y somos solidarios con nuestras hermanas donde sea que defiendan la moral matriarcal y reconozcan las mentiras patriarcales, mentiras que enmascaran la explotación bajo un semblante de benevolencia, y enmascaran la muerte bajo promesas falsas de vida. Conocemos la diferencia.


2. Tres diferentes puntos de vista sobre la Política Matriarcal

2.1. El punto de vista de los investigadores internacionales sobre el matriarcado:

Los objetivos son:
- desarrollar los Estudios Matriarcales modernos como una nueva ciencia socio-cultural, que incluya una visión y lo esencial de una nueva sociedad basada en la paz y la justicia.
- la búsqueda de estrategias para expandir y crear este nuevo paradigma, y al mismo tiempo, para formar una comunidad científica alternativa mediante la colaboración y la comunicación en red.
- planes para la educación del futuro; por ejemplo, la introducción de este nuevo campo del saber en las escuelas, institutos y universidades.

Prof. Veronika Bennholdt-Thomsen (Alemania):

"La globalización económica es el proyecto del gran capital internacional y sus seguidores para crear una única ideología mundial, que diga: el beneficio sostiene la vida. Los estudios matriarcales son cruciales en la oposición a este rechazo de los valores humanos. Nuestra investigación revela los principios sociales que crean y mantienen una economía ética y una sociedad pacífica en el pasado y en el presente. Muestra cómo un mundo, una economía y unas sociedades maternales se desarrollaron en el pasado y pueden desarrollarse en el futuro. Siguen siendo las mujeres las que llevan el embarazo, y todos los hijos siguen teniendo madres. Esto garantiza que la compasión y el cuidado no morirán completamente. Sin embargo, debemos ser conscientes de las amplias implicaciones a nivel social, cultural y económico de la maternidad, así como sus contradicciones. Los Estudios Matriarcales contribuyen a este saber."

Genevieve Vaughan (USA/Italy):

"Es importante incluir la idea de la economía de la donación en los Estudios Matriarcales, porque abre la posibilidad a situarnos en un punto crítico hacia el mercado y el capitalismo patriarcal. También ofrece una explicación de los valores de las mujeres como superestructura de una alternativa económica. Las mujeres que estamos inmersas en el patriarcado capitalista podemos considerarnos matriarcas que hemos sido privadas de nuestras culturas y estructuras sociales, pero continuamos practicando la economía de la donación (solidaridad) y abrazamos sus valores, al menos hasta cierto punto. En esta capacidad, podemos unirnos a nuestras hermanas indígenas para aguantar contra la economía del odio y la dominación, donde y cuando sea posible."

Prof. Claudia von Werlhof (Austria):

"El patriarcado nació con la guerra. Gracias al capitalismo patriarcal, se convirtió en un sistema de guerra global que está destruyendo la vida en la Tierra. Si queremos tener una oportunidad para construir una civilización post-patriarcal, debemos detener el patriarcado empezando por nosotrxs mismas. De otra forma, no tendremos la fuerza que necesitamos para vencer el sistema patriarcal."

Prof. Ruxian Yan (China)

"En tiempos antiguos, los instintos maternales forjaron la humanidad. En el futuro, los instintos maternales conducirán la humanidad hacia la unidad."

Xiaoxing Liu (China)

"La existencia de comunidades matrilineales en la actualidad demuestra que la gente puede de hecho vivir al mismo tiempo una vida productiva y humana en el mundo moderno. Los estudios matriarcales nos ayudarán a reconocer y elegir un mejor camino de vida."


24 de julio de 2017

Patriarcado, imperialismo y reduccionismo: el principio del fin ya se vislumbra. Ana Lusa Muñoz Flores. alumuflores




    Imagen: "Flores silvestres IV". Ana Luisa Muñoz Flores. aluuflores

Patriarcado, imperialismo y reduccionismo: el principio del fin ya se vislumbra

¿Qué tipo de desarrollo fue llevado adelante en el Sur durante la Edad de Oro del capitalismo, tras la segunda guerra mundial y la descolonización formal? ¿Cuáles han sido sus consecuencias? El modelo de desarrollo impuesto -y a la vez adoptado- en gran parte del Sur, implicó en primer lugar que los países periféricos, de forma más o menos general, interiorizaran una serie de conceptualizaciones occidentales en múltiples ámbitos. Y esto fue así porque el objetivo no era otro que alcanzar la quimera del “vivir muy bien capitalista” -en palabras de Evo Morales-, y para ello era obviamente necesario importar el modelo del Norte, que vivía su ‘primavera keynesiana’ (aunque escape a este análisis, sería interesante analizar también el rol conceptual del socialismo clásico, quizá ambiguo en algunos países del Sur).
Más allá de la economía política del desarrollo, lo anterior no puede deslindarse del progresivo proceso de transculturación global aún en marcha -con claro predominio eurocéntrico y principalmente anglosajón-, que se ha venido acelerando de forma geométrica en el último medio siglo. 
Dicho proceso afecta particularmente a los pueblos del Sur, que son desposeídos de toda su riqueza intangible, mientras que Occidente mantiene su life style e incorpora ‘exotismos culturales’, demasiadas veces fetichizados. Invadidos por esta dinámica neoimperialista, los diversos Pueblos Originarios de la Tierra y particularmente las mujeres, han visto como la destrucción provocada por el mal desarrollo está acabando no sólo con la diversidad biosférica (tendiente de forma alarmante hacia un colapso), sino también con la biodiversidad cultural y de género.
En este marco, la mujer occidental ha dado largas luchas y avances en su camino por superar el milenario patriarcado, pero en ese camino el paradigma de pensamiento declinante sólo ofrece la posibilidad de igualarse parcialmente al hombre capitalista, y acceder a sus puestos de poder cualquiera sea el ámbito. 
La mayor paradoja, quizás, sea que ese camino es a la vez y sutilmente la mayor victoria del patriarcado; de la misma forma que las pseudoindependencias de la periferia fueron una excelente herramienta para consolidar el colonialismo. En ambos casos, se evidencia que la mayor de las victorias para cualquier forma de dominación, es ganar la batalla cultural de modo aparentemente pacífico -o no-, y permitirse la concesión legitimadora de independencia formal a l@s oprimid@s. Así, la consolidación de tal bloqueo del principio femenino -voluntario o no- redunda en las tendencias patriarcales opresoras, megalómanas, estandarizadoras e insostenibles que muestra en toda su crudeza el sistema imperante.
En virtud de todo lo antedicho, la figura de Vandana Shiva se torna de una relevancia superlativa, siendo la principal referente del ecofeminismo revolucionario, pero desde el único estrado escuchado por el Centro: la ciencia y filosofía occidental. 
Así, desde la legitimad del conocimiento sistemático, la Dra. y activista -física, filósofa, referente ecologista, etc.- propone un feminismo activista que trasciende el patriarcado moderno de la única manera posible: abrazando la Vida y no el desarrollo industrial-capitalista. Luchando, en definitiva, por la reconexión de la mujer con los ciclos de la Naturaleza, ya que su desconexión y desarraigo violento perpetrados por el sistema dominante -a través del mal desarrollo, o el lobo con piel de cordero- son piedra angular del patriarcado predador capitalista. 
Para graficar esto, y el carácter milenario del imperialismo occidental (¿es realmente el imperialismo la fase superior del capitalismo, o es éste el vehículo estructural que ha permitido mundializar el milenario imperialismo occidental?), baste de ejemplo la imagen de bruja malévola y espeluznante tan difundida en Occidente desde hace más de mil años.
Tales “brujas” no eran otras que las mujeres transmisoras de la sabiduría ancestral europea (o de la phillosophia perennis et universalis), continente que también tuvo a sus pueblos originarios (celtas, íberos, etruscos, etc.) y que también sufrió el imperialismo y la transculturación, durante un largo proceso iniciado hace más de dos mil años. Del mismo modo, el capitalismo posterior extrajo primero plusvalía de los sectores tradicionales europeos, en su insaciable e imprescindible dinámica de reproducción ampliada del capital. 
Y una vez exprimido tal ‘potencial desarrollable interno’, se inició masivamente el proceso de internacionalización del capital, tal como es explicado por Rosa Luxemburgo. De todo esto podría deducirse que el capitalismo no nace en el siglo XVI alrededor de los burgos, sino que el desarrollo de su ‘semilla transgénica’ -portadora ya de un alto potencial destructor- puede rastrearse hasta la ruptura paradigmática aristotélica, el imperialismo romano, la concepción bíblica judeocristiana, la escolástica tomista, el racionalismo y mecanicismo newtoniano-cartesiano, etc.
Siguiendo el hilo conductor de todo lo expuesto hasta ahora, podríamos plantear la acumulación originaria del capital (fundada en la expulsión de los árabes, la contención de los otomanos y el brutal expolio de flora, fauna, tierra y mineral perpetuado en Abya Yala; todo ello en un contexto mercantilista simple) no como la causa del desarrollo imperial-capitalista, sino como el disparador o ‘fertilizante químico’ de una semilla que es precapitalista. 
Luego podríamos re-enfocar al capitalismo desde una óptica no estrictamente materialista, en la cual se nos presentaría como un instrumento específico de dominación al servicio de una superestructura dinámica, pero de antiguo origen. Superestructura que finalmente pudo desplegarse plenamente en unas condiciones histórico-materiales específicas, que permitieron la cristalización estructural de este modo de producción en el cual seguimos inmersos.
En síntesis, lo que se propone es que al actual sistema-mundo capitalista puede ser explicado por una superestructura occidental-imperial precapitalista. Y que en base al capitalismo en sus primeros estadios, junto al continuo y sostenido expolio de Abya Yala, evoluciona superestructuralmente a ‘Imperialismo Capitalista Mundial’, de forma contenida hasta que las revoluciones industriales permiten la mundialización acelerada de toda la estructura sistémica. 
Es ahí cuando comienza a desplegarse en plenitud el paradigma imperialista. Es de notar que el imperialismo belicista moderno no es una invención de Occidente, y que otras formaciones sociales de superestructura monoteísta (otomanos, sionistas, ortodoxos, etc) u oriental (japoneses, mongoles, etc) también lo evidencian.
 Aun así, otras formaciones sociales etiquetadas de imperiales por la ciencia histórica, como la Confederación del Tawantinsuyö (mal llamado “Imperio Inka”), fueron precursoras en la formación de socialismos milenarios -que no primitivos-, ‘exportando’ a muchos pueblos vecinos desarrollo sostenible, comercio justo y alta cultura, en vez de subdesarrollo y destrucción ecológica.
Ya en la segunda mitad del siglo XX, la dinámica de tal sistema de subyugación llevó a que éste abandonara aparentemente el método opresivo, y mostrara incluso un impostado interés por el desarrollo de los perdedores globales. Para garantizar que tal cambio fuera netamente gatopardista, se profundizó el neocolonialismo cultural y la promesa del ‘progreso para tod@s’, al calor de la primavera keynesiana del Norte. 
Esto en muchos casos consiguió que fueran los propios líderes del Sur (incluso los no-entregadores) los que condujeran a sus pueblos a la boca del lobo, difundiendo las ‘bondades’ de un cordero que en realidad no era más que piel. Cabe aclarar que para aquellos casos en los que el imperialismo sutil no surtía efecto, nunca dejó de recurrirse a las viejas artimañas sistémicas de dominación. 
El resultado de todo esto no ha sido otro que la enajenación de pueblos enteros aculturizados o transculturizados -según se considere-, la supresión del principio femenino, la alienación natural del hombre, la destrucción creciente de Gaia, la masificación global de la miseria y no del ‘progreso’, y la persistente dependencia del Sur.
Para las mujeres del Tercer Mundo, este mal desarrollo implicó la distorsión de su vital poder productivo y reproductivo, mediante el robo de sus tierras y la destrucción de su imprescindible producción de subsistencia; así como la desfiguración simbólica y efectiva de su sagrada condición como portadora y protectora de la Vida. 
Tal conexión con la Vida, la Naturaleza y el Cosmos (influencia lunar) queda -más allá de la obvia gestación- demostrada empíricamente en la increíble potencia fertilizante de la menstruación femenina, o en su capacidad de sincronización cíclica inter pares y en simultáneo con los ciclos lunares. En contraste, tan demostrada queda esa inherente capacidad de conexión como su efectiva alienación actual, lo cual pone de manifiesto la impune dominación no forzosa que ejerce el patriarcado capitalista.
Como imagen de lo antedicho, podrían compararse las ceremonias rituales femeninas de muchos pueblos originarios y el destrato occidental para con el ciclo femenino. En el primero de los casos, son conocidas múltiples comunidades originarias que trabajan y han trabajado la sincronización de todos los ciclos femeninos -y éstos con el ciclo lunar- para conjugar la Vida humana y la Naturaleza, en un acto de fertilización ceremonial de los campos de cultivo. 
En el segundo, contrasta la demonización de la menstruación incluso como enfermedad, o en el mejor de los casos como algo personal que no debe impedir ninguna de las obligaciones rutinarias de la mujer. Convirtiendo de esta forma la ancestral ceremonia sagrada de conexión natural cíclica, en un elemento desechable cuyo último fin no es la tierra que nos da el sustento, sino los vertederos de todas nuestras miserias.
A pesar de este panorama, que nos alerta de la situación integralmente crítica que atraviesa la Humanidad en estos tiempos, podemos y debemos mantener la esperanza y despertar los gérmenes del cambio. Esta oportunidad se ve acompañada y reforzada por el actual proceso de emergencia de un nuevo paradigma, que puede permitirnos evolucionar ontológica y materialmente de forma armoniosa. 
Para que esto sea posible, es imperativo revisar la concepción patriarcal dominante, y aceptar la unidad en la diversidad, tanto a nivel de género como en nuestra relación con la Naturaleza. Dicha revisión debe concretarse en una refeminización humana, a modo de discriminación positiva, que rearmonice los principios polares femenino y masculino; los opuestos complementarios a su vez presentes el uno en el otro.
Tal cambio paradigmático, en el Sur podría materializarse (proceso ya iniciado) en una re-evolución holística de los modus vivendi ancestrales; eurocéntricamente tachados de subdesarrollados, como excusa para la imposición del verdadero subdesarrollo de los Pueblos Originarios de la Tierra: el mal desarrollo capitalista. Dicha re-evolución necesita de un marco teórico nuevo que ‘contabilice cualitativamente’ el desarrollo sostenible y armonioso de los pueblos, que decolonice la matriz de pensamiento no sólo de l@s desposeíd@s sino también de los países centrales. Si el desarrollo humano sostenible puede ser definido como la plena expresión humana en armonía con los ciclos naturales, permitiendo la regeneración de la Madre Tierra proveedora de todos los ‘recursos’ que sustentan el sistema-mundo actual; pues entonces no ha habido sistema más subdesarrollado que el capitalista en toda la historia de la Humanidad.
Este vital y complejo cambio que debe afrontar la especie humana de forma perentoria, necesita recuperar la re-productividad y creatividad de la Naturaleza y las mujeres; debe reconceptualizar el sustento familiar de subsistencia y revalorizar el milagro de la vida, términos no contemplados por los indicadores convencionales y sin embargo esenciales para el gran ciclo trófico planetario. 
Para que todo esto sea posible, los Pueblos de la Tierra debemos despojarnos de la idea colonialista de pobreza cultural, y erradicar las causas y las consecuencias de la verdadera pobreza material. En último término, Occidente debe reconocer el terrible daño infligido a la biodiversidad (incluyendo la cultural) y a la armonía ecológica planetaria (incluyendo la miseria social), lo cual sólo podría ser posible con la consolidación sostenible de un ‘socialismo holístico’. El ser humano no tiene el derecho a destruir el ecosistema que le da vida, a cambio de nada es esto admisible; menos aún en pos de la acumulación de capital y mercancías, impuesta por el actual sistema de dominación mundializado.
Ya para terminar, cabría destacar que este necesario cambio de paradigma específico se encuentra actualmente en un contexto de revolución paradigmática general; es decir, en una etapa de transición donde aún predominan anteriores fundamentos ya caducos, aunque en convivencia y progresivo declinamiento frente a un nuevo proceso de génesis fundamental superador. 
Dicho proceso se traduce en la creciente emergencia de un nuevo paradigma, que habrá de ser tal no solamente por diferir profundamente en sus ideas-clave respecto a sus estadios previos, sino también por mostrarse más armónico y convergente con otros paradigmas ancestrales de pensamiento. Dicha convergencia (más aún siendo el paradigma occidental el dominante) amplía nuestro horizonte cognitivo y empírico de posibilidades, facilitando un entrelazamiento complejo de las diversas formas de pensamiento humano, tanto modernas como ancestrales.
Esta interconexión sistémica -ni dogmática ni excluyente- contiene en sí el germen para el florecimiento de un Nuevo Paradigma convergente y diverso a la vez; universal, holístico y dinámico. Una gregaria matriz de pensamiento capaz de aunar históricas antinomias dualistas, integrándolas como diversas perspectivas observacionales de un mismo proceso subyacente. Ángulos de observación que por otra parte diversifican la realidad observada, dotando al observador de una capacidad exegético-creadora. 
Es por esto que disímiles perspectivas observacionales ante un mismo objeto pueden verificarse simultáneamente: cada sujeto es co-responsable de aquello que observa y que ex ante busca validar. Por eso, el Nuevo Paradigma Emergente confirma viejas sospechas sobre uno de los principios de la razón occidental: la idea de sujeto y objeto, de separación entre el observador y lo observado. Asumir a tiempo, pues, tal responsabilidad individual y colectiva de co-crear una nueva realidad, armoniosa y reintegrada en la Naturaleza, quizá sea el mayor reto evolutivo que haya enfrentado hasta hoy la Humanidad.

10 de febrero de 2017

PATRIARCADO, MUJER Y POLÍTICA





Imagen: José Luis Toledo Bravo 


La mujer en política 


Es la representación del espacio público por excelencia, la arena política, se unen los diferentes componentes como veremos a continuación. En primer lugar, el cuerpo, el aspecto, el vestuario son factores centrales a la hora de representar a una mujer política, mientras que este tipo de calificación, basada en la apariencia, no se suele realizar respecto a los políticos hombres. La atención al aspecto físico, la familiaridad en el trato, son todos elementos de una representación asimétrica. 


La menor legitimidad que las mujeres sufren en un espacio que no se les atribuye como “natural” hace que su presencia se valore a través de elementos ajenos a su proceder político, lo cual se queda en un segundo plano, invisibilizando las actuaciones a favor de las apariencias. 

En relación a nuestro país, respecto a la mujer en política, debemos señalar, que solo durante el primer gobierno de Michelle Bachelet y dando cumplimiento a uno de sus compromisos de campaña, la Presidenta conformó un gabinete original paritario, contando entre sus filas a 10 ministras mujeres, las que se mantuvieron en número hacia el final de su mandato. 

De acuerdo a la Dra. Alejandra Castillo (1), hay una alta visibilidad política de la mujer, donde podríamos pensar que las mujeres ya han accedido a la política, ya no es una república masculina, sino ya es un lugar donde las mujeres ingresan de igual a igual al espacio de lo político. 

Sin embargo, frente a eso también debemos considerar la transformación del espacio de la democracia vinculada a una democracia invertida; democracia invertida que va a generar el espacio de decisión precisamente en el lugar del Ejecutivo, en donde las mujeres que participan en el Ejecutivo no van a acceder a ese lugar en la medida de una elección popular, sino que por una decisión del presidente de turno. 

La pregunta es si esa transformación por arriba, pensemos es una transformación elitista, luego puede transformar el espacio de representación de las mujeres ya no desde ese lugar sino que desde el lugar de la gran masa de mujeres, de la posibilidad de participar en política ya no desde ese lugar invertido, desde esta democracia invertida sino que desde el lugar de las elecciones populares. 

Y ahí nos damos cuenta que las mujeres que empiezan a acceder al espacio de la política o bien provienen de los medios, o de familias vinculadas al espacio de la política; y no necesariamente mujeres que han participado desde partidos políticos, o tienen una trayectoria política. 

En ese sentido ha habido también una mutación de lo que es la trayectoria política donde la militancia cada vez pierde más centralidad frente a la incorporación a través, ya sea desde los medios o a través del ejecutivo; y las características que se van a dar para el ingreso de estas mujeres políticas es más bien su currículo profesional y no su currículo político. 

Por ejemplo, si pensamos en las ministras en el gobierno de Bachellet, la descripción que se va a dar de ellas son sus doctorados, sus estudios, los idiomas que manejan; sin embargo, su trayectoria política va a ser dejada en un segundo plano. 

La pregunta es por qué, por qué la trayectoria política, que era lo que de alguna manera configuraba el espacio político de las mujeres; haber participado en un movimiento político de mujeres, o haber sido militantes, por qué eso ya no es importante a la hora de la adscripción a la política. 

Una respuesta es esta transformación de la democracia ya no sólo procedimental, sino que ahora como una democracia invertida donde las decisiones y la representación pasa por ese lugar que tiene que ver con el Ejecutivo. 

Y ahí la pregunta todavía es válida, si esta alta visibilidad de Bachelet va de la mano de una transformación de la representación de las mujeres en la política. 

Si pensamos en qué es la democracia hoy en Chile, primero la democracia tiene que ver con procedimientos, baja participación y la incorporación al espacio de la política a través de las elecciones. Segundo, esta transformación hacia el Ejecutivo. 

Sheldon Wolin (2) la llama una democracia invertida, todas las decisiones empiezan a pasar por el Ejecutivo. La pregunta es si mujeres jóvenes políticas pueden ingresar a ese espacio de la política.

Primero tenemos esta descripción de la democracia procedimental, elitista y también invertida y, la pregunta es de qué manera las mujeres, si ya tienen, si ya hay una representación que genera una identidad subalterna en el espacio de lo común- participan en el espacio de lo político frente a esta democracia invertida, a una política de procedimientos, a una desafección. 

La pregunta es de qué manera la gran cantidad de mujeres a las que les interese la política pueden participar en política. Ahí una respuesta es, las que participan en política son aquellas mujeres que están vinculadas a la elite, a algunas de las elites de poder; ahí pensemos en el libro de Clarissa Hardy, “Eliterazgo”, donde efectivamente ella va a explicitar ese orden, hay un orden de la política que tiene que ver con las elites, entonces las mujeres que ingresan del espacio de la política deben ser parte de alguna elite. 

La política debiese alterar ese orden de esta democracia elitista invertida hacia el Ejecutivo y generar un espacio de la política en que las mujeres interesadas en la política, independiente del lugar donde provengan, puedan participar en el espacio de la política. 

Y eso implica no asumir ese modo político por ejemplo, la paridad que si bien es interesante, es correcto, es necesario; al generarlo solo desde arriba, solo desde el Ejecutivo, genera una inclusión que es elitista. Puesto que las mujeres que van a ingresar al espacio de los ministerios -que es lo que intentó hacer Michelle Bachelet al incorporar diez mujeres ministras- es precisamente incorporar diez mujeres ministras, pero desde un grupo determinado de mujeres sin generar una política de integración de mujeres no pertenecientes a las elites ya determinadas para participar. 

La pregunta es ¿qué otras políticas generar?, una respuesta es la política de cuotas; hacer que los partidos políticos incorporen un porcentaje obligatorio de participación de mujeres, y ya no corregir desde arriba, sino que es corregir desde los propios partidos y desde ahí desorganizar el orden de la representación masculina en los partidos políticos. 

Una propuesta libertaria para las mujeres es crear la participación creativa y activa de los hombres y mujeres que creen en los procesos colectivos y no autoritarios, porque desde allí cobra sentido la palabra sociedad deliberante y constructiva conducente a una Asamblea Constituyente que le otorga valor a la voz de mujeres y hombres, para proponer ante delegados representativos y competentes una Carta Magna, que respete los Derechos Humanos, las demandas de los pueblos originarios y de la diversidad sexual, la libertad de expresión, los derechos sexuales y derechos reproductivos, en definitiva la soberanía de los pueblos. 



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(1) Cfr. Castillo, Alejandra (2012). Documentos en línea. Entrevista. Observatorio Cultural, Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Gobierno de Chile. 
http://www.observatoriocultural.gob.cl/wp-content/uploads/2014/05/entrevista-alejandra-castillo.pdf
 

(2) Cfr. Sheldon S. Wolin es un importante politólogo estadounidense, profesor emérito de la Universidad de Princeton y uno de los más reputados especialistas de la democracia en el ámbito teórico anglosajón. También se ha destacado como historiador de las ideas mediante análisis que, por su profundidad y originalidad, han servido para interpretar mejor los acontecimientos políticos y sociales contemporáneos 


MUJER Y PATRIARCADO EN EL PLANO ECONÓMICO-LABORAL






Imagen: José Luis Toledo Bravo 


Mujer y patriarcado en el plano económico-laboral. 



En el capitalismo, la mujer se ve forzada a vender más barata la fuerza de trabajo, a realizar dobles y triples jornadas laborales (las mujeres trabajan más que los hombres en Chile (1)), a tener menores oportunidades que los hombres en el mercado de trabajo. Se han dado cambios importantes en la forma de producción, que incorporan las relaciones patriarcales a la nueva manera de organizar la sociedad.

La familia pierde su proyección social y aparece la separación entre: a) vida pública (cultura, política, producción) que se le asigna al varón y tiene carácter participativo; b) vida privada (relaciones familiares, maternidad, atención a la mano de obra) que se le asigna a la mujer, esposa, madre, ama de casa, y tiene carácter íntimo. 

Un trabajo tantas veces alienado y opresor, se da: la división entre trabajos exclusivamente masculinos y exclusivamente femeninos, basada en un falso paternalismo o en roles-estereotipos. La actividad de la mujer se centra en trabajos que se relacionan con su papel en la familia: enfermeras, secretarias, maestras. 

Esto les obliga a dedicarse al servicio doméstico o a la economía sumergida, con sueldos de miseria y muchas veces sin horarios ni derechos laborales. - La doble jornada que resulta para la mujer que realiza un trabajo fuera de casa y tiene que hacerse cargo, además, de las tareas familiares. 

En el artículo Proyecciones para un año de lucha feminista en Chile. (2), dice que la participación activa de las mujeres en el mercado laboral ha sido un elemento clave para el crecimiento económico. Por una parte, la fuerza laboral femenina ha crecido considerablemente en comparación con la masculina, además la tasa de participación femenina ha mostrado una sostenida tendencia ascendente. 

No obstante, su participación está fuertemente marcada por su área de residencia y nivel de capacitación: las mujeres de sectores rurales son las que menos registran variación en su tasa de participación y se encuentran en clara situación de desventaja respecto al acceso de la tierra y la tecnología para su explotación 

No obstante, mayores niveles de capacitación no aseguran una menor brecha salarial, ya que como demuestra la encuesta CASEN del 2013 ésta ha aumentado en un 25% en comparación al año 2015, y se incrementa en la medida en que aumentan los años de estudio. 

Se pone el foco, por tanto, en las mujeres como población beneficiaria (como por ejemplo el programa de "Mujer Trabajadora y Jefa de Hogar" del SERNAM) y no como sujetos activos, sobrecargándolas laboralmente en tanto que agentes clave para el crecimiento económico al potenciar sus múltiples roles productivo, reproductivo y comunitario. 

La brecha entre hombres y mujeres se nota en toda la escala económica, ya sea entre aquellos que ganan menos y también entre los más ricos del mundo. En la cúspide de la pirámide, el porcentaje de riqueza controlado por los hombres es diez hombres más ricos del mundo es un 83% superior al de las diez mujeres más ricas del mundo, según el ranking de billonarios de la revista Forbes. Esta brecha en la élite económica se nota en la presencia de mujeres en los gobiernos corporativos de las empresas. 

El número de mujeres en los consejos de administración de las compañías cotizadas en el Ibex 35 representan un 16% del total (una por cada seis consejeros), según los datos del X Informe sobre Juntas Generales de Accionistas de las Empresas del Ibex. 

También se aprecia en los sueldos que cobran los hombres y mujeres cuando ocupan altos puestos directivos. De hecho, el 65,1% de mujeres directivas españolas cree que aún existe discriminación salarial para las mujeres en el ámbito empresarial, de acuerdo a una reciente encuesta de Adecco. E, incluso, afecta a las riquezas que provienen de herencias. 

Menos del 30 por ciento de los billonarios cuya riqueza es heredada en la lista de Forbes de 2014 son mujeres, lo que sugiere que los padres dejan una mayor proporción de su fortuna a sus hijos varones, según Caroline Freund, analista do Instituto Peterson de Economia Internacional. 

De acuerdo a esta analista, que la riqueza se concentre en unos pocos es “perturbador”. “El hecho de que esos pocos sean sobre todo hombres, lo hace todavía más preocupante”, concluye (3). 


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(1) Chile, encuesta INE, noviembre 2016 
(2) Cfr. Correa, M., y Monckeberg, M. en Mujeres Chilenas. Citado por Proyecciones para un año de lucha feminista en Chile. Observatorio Género y equidad. Chile 
(3) Cfr. Coll, Aida (2015) La mirada de todos Irispress, Magazini
 

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