Les presento el libro de de Poemas de Nelly Raquel Salas Vargas: "Ella VIVE bajo mis PIES"... La imagen de la portada es de mi autoría de Alumuflores y José Toledo. "Por eso prefiero regresar a mi tierra/ Quedarme tranquila, sin sobresaltos/ en mi delgadito país, en el confín del embeleso/ En la tumba que alcancé a apagar/ antes de partir/ dice la autora del libro.
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8 de enero de 2020
29 de diciembre de 2017
ECOFEMINISMO: La respuesta feminista a los problemas ambientales. Recopilado por Ana Luisa Muñoz Flores
Imagen: "Mariposa en flor". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores
¿Qué es y cómo surgió el ecofeminismo? Y más importante, ¿qué propone?
El pensamiento feminista y las preocupaciones ecologistas tuvieron su más grande encuentro en los años setenta, al analizar desde perspectivas confluyentes el problema de la superpoblación mundial. En 1974, la escritora y feminista francesa Françoise d’Eaubonne acuñó por primera vez el término ecofeminismo para referirse a la intersección entre estos dos movimientos y el pacifismo.
Ésta ha seguido desde entonces distintas tendencias, teniendo todas en común la añadidura de la perspectiva de género a las gestas por un medio ambiente sano. El ecofeminismo se ha caracterizado por perseguir la reivindicación del Derecho al Medio Ambiente Sano desde una perspectiva que identifica a las mujeres como un grupo vulnerado con respecto al ejercicio de este derecho.
Ésta ha seguido desde entonces distintas tendencias, teniendo todas en común la añadidura de la perspectiva de género a las gestas por un medio ambiente sano. El ecofeminismo se ha caracterizado por perseguir la reivindicación del Derecho al Medio Ambiente Sano desde una perspectiva que identifica a las mujeres como un grupo vulnerado con respecto al ejercicio de este derecho.
El término ecofeminismo se extendió por el mundo en el marco de numerosas protestas en contra de la destrucción del medio ambiente, llevadas a cabo como respuesta ante distintos desastres. En marzo de 1980 se llevó a cabo una de las primeras y más grandes manifestaciones de este movimiento; durante la Conferencia Mujeres y Vida en la Tierra, sobre el ecofeminismo en la época, se analizaron sus diversos postulados con respecto a la militarización y la globalización.
“Pensamos que la devastación de la Tierra y de los seres que la pueblan por obra de las huestes empresariales y la amenaza de la aniquilación nuclear por obra de las huestes militares son preocupaciones feministas. Son manifestaciones de la misma mentalidad masculinista que pretendía negarnos el derecho a nuestro cuerpo y a nuestra sexualidad y que se apoya en múltiples sistemas de dominación y de poder estatal para imponerse”, fue uno los postulados de Ynestra King, organizadora de la Conferencia.
“Pensamos que la devastación de la Tierra y de los seres que la pueblan por obra de las huestes empresariales y la amenaza de la aniquilación nuclear por obra de las huestes militares son preocupaciones feministas. Son manifestaciones de la misma mentalidad masculinista que pretendía negarnos el derecho a nuestro cuerpo y a nuestra sexualidad y que se apoya en múltiples sistemas de dominación y de poder estatal para imponerse”, fue uno los postulados de Ynestra King, organizadora de la Conferencia.
Las teorías ecofeministas se han desarrollado bajo la premisa de que las demandas feministas y las ecologistas pueden llegar a ser coincidentes en cuanto a que luchan contra dos formas similares de opresión. Situación que no implica que todas las mujeres sean ecologistas ni que el ecologismo tenga por sí mismo una perspectiva de género. El ecofeminismo no concibe a las mujeres como inherentemente ligadas a la naturaleza por razones biológicas.
Es decir, no establece una relación directa entre el sexo y la comprensión de los problemas ambientales. Sin embargo, sí propone una conexión directa entre la proximidad con la ecología y los roles de género asignados. La diferencia es sustancial para el ecofeminismo. Mientras que la primera proposición se trata de un axioma que se pretende derrocar, la segunda representa uno de los ejes centrales de las teorías ecofeministas.
Es decir, no establece una relación directa entre el sexo y la comprensión de los problemas ambientales. Sin embargo, sí propone una conexión directa entre la proximidad con la ecología y los roles de género asignados. La diferencia es sustancial para el ecofeminismo. Mientras que la primera proposición se trata de un axioma que se pretende derrocar, la segunda representa uno de los ejes centrales de las teorías ecofeministas.
Una de los primeros criterios que la humanidad utilizó para dividirse a sí misma en grupos tenía base en el sexo biológico. A partir de una distinción evidente, que se realiza a través del reconocimiento de datos corporales genitales, nos hemos clasificado como machos o hembras de una especie. Esta clasificación alude a funciones potenciales de reproducción específicas y no prevé la existencia de otras condiciones, tales como la intersexualidad. A partir del sexo biológico, de manera diferenciada, las sociedades han asignado a las personas un conjunto de características sociales, culturales, políticas, psicológicas, jurídicas y económicas.
El género es entendido como este grupo de características que, según la experta mexicana en estudios de género Marta Lamas, funcionan tanto como un “filtro cultural con el que interpretamos al mundo” tanto como “una especie de armadura con la que constreñimos nuestra vida”. Las diferencias derivadas de éste se manifiestan mediante los papeles que cada persona desempeña en la sociedad: reproductivo, productivo y de gestión comunitaria. Cada sociedad asigna a cada género (masculino o femenino) distintas tareas, obligaciones y cualidades. Así como, de manera frecuente, asigna relaciones de poder, subordinación o dominación. Las características sexuales, datos biológicos evidentes, se abstraen y llevan a otros ámbitos de la sociedad, la política, las religiones y las cotidianidades.
El ecofeminismo plantea que la atribución de características tales como la fortaleza, la sensibilidad y la inteligencia, entre otras, a uno u otro sexo no es un proceso natural e inevitable. Por el contrario, se plantea que es un producto social que ha ocurrido de manera subjetiva a lo largo de la historia. La naturaleza sería entonces más próxima a las mujeres debido a la asignación de roles en la gestión de los recursos, así como el cuidado de las plantas y los animales, y no por un factor biológico. Dicha cercanía provocaría también que los problemas que afecten a la naturaleza serían entendidos en mayor grado por las personas del género femenino.
Ecología y feminismo en los países en vías de desarrollo
Según Alicia Puleo, directora de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid, “estamos asistiendo el comienzo del fin de la Naturaleza. Ya no resulta fácil a los medios de comunicación disimular, como hasta ahora, la conexión existente entre diversas catástrofes naturales que no son sino manifestaciones de un cambio climático global de consecuencias insospechadas”. En contraste, el ecologismo ha visto su avance mermado por distintos obstáculos políticos y económicos. Su progreso se ha dado con mayor fuerza en los países en vías de desarrollo, en donde también se ha encontrado con el impulso del feminismo. Para Puleo, el encuentro de estos dos pensamientos críticos es tan inevitable como su desarrollo. “Sólo la ignorancia o la adopción de una actitud tecno-entusiasta ciega puede hoy en día hacer que miremos hacia otro lado cuando los signos de peligro son tan claros”, ha comentado la investigadora en la publicación El Ecologista.
La coexistencia de ambos movimientos no se deduce de una relación innata, sino de una necesidad de diálogo entre sus argumentos. Asimismo, se trata de la confluencia de factores geográficos y socioeconómicos que han servido, al unísono, como semillero para ambos pensamientos. “Las mujeres pobres del Tercer Mundo son las primeras víctimas de la destrucción del medio natural llevada a cabo para producir objetos suntuarios que se vendan en el Primer Mundo. El nivel de vida de los países ricos no es exportable a todo el mundo”, plantea Puleo. Con particular impacto, las mujeres rurales de países africanos y asiáticos que viven en economías de subsistencia han visto su calidad de vida disminuir debido a la explotación del ambiente causada por el mercado internacional.
El ecofeminismo ofrece una respuesta ante las violaciones a los Derechos a la Salud y al Medio Ambiente Sano que las mujeres padecen de manera diferenciada. Establece un paralelismo entre la explotación indiscriminada de la naturaleza y la histórica subordinación que las mujeres han enfrentado a lo largo de la historia. El desarrollo del ecofeminismo sigue siendo un reto para los movimientos feministas y ecologistas en nuestro país. Así como la toma de acciones concretas en materia de los Derechos a la Salud y al Medio Ambiente Sano sigue siendo materia pendiente al Estado Mexicano. Las acciones que el Gobierno Federal y los movimientos tomarán con respecto a estos temas están aún por conocerse. 
LOS ANIMALES PORTADORES DE DERECHOS. Ana Luisa Muñoz Flores
Imagen: "Maravilla". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores
Los animales, portadores de derechos
2017-11-14. Leonardo Boff
La aceptación o no de la dignidad de los animales depende del paradigma (visión del mundo y valores) que cada cual asume. Hay dos paradigmas que vienen de la más remota antigüedad y perduran hasta hoy.
El primero entiende al ser humano como parte de la naturaleza y, junto a ella, un convidado más a participar en la inmensa comunidad de vida que existe hace ya 3,8 mil millones de años. Cuando la Tierra estaba prácticamente terminada con toda su biodiversidad irrumpimos nosotros en el escenario de la evolución como un miembro más de la naturaleza.
Ciertamente dotados con una singularidad, la de tener la capacidad de sentir, pensar, amar y cuidar. Esto no nos da el derecho de juzgarnos dueños de esa realidad que nos antecedió y que creó las condiciones para que surgiésemos nosotros. La culminación de la evolución se dio con el surgimiento de la vida, no con el ser humano. La vida humana es un subcapítulo del capítulo mayor de la vida.
El segundo paradigma parte de que el ser humano es el ápice de la evolución y todas las cosas están a su disposición para dominarlas y poder usarlas como bien le plazca. Olvida que para surgir necesitó de todos los factores naturales anteriores a él. El ser humano se juntó a lo que ya existía, no se colocó por encima.
Las dos posiciones tienen representantes en todos los siglos, con comportamientos muy diferentes entre sí. La primera posición encuentra sus mejores representantes en Oriente, con el budismo y en las religiones de la India.
Entre nosotros, además de Bentham, Schopenhauer y Schweitzer, su mayor impulsor fue Francisco de Asís, considerado por el Papa Francisco en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común” como alguien «que vivía una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo… ejemplo de una ecología integral» (n. 10). Pero este comportamiento tierno y fraterno de fusión con la naturaleza no fue el que prevaleció.
El segundo paradigma, el ser humano “maestro y propietario de la naturaleza”, al decir de Descartes, se hizo hegemónico. Ve la naturaleza desde afuera, no sintiéndose parte de ella sino su señor. Está en la raíz del antropocentrismo moderno.
El ser humano dominó la naturaleza, sometió pueblos y explotó todos los recursos posibles de la Tierra, hasta el punto de alcanzar hoy una situación crítica de falta de sostenibilidad. Sus representantes son los padres fundadores del paradigma moderno como Newton, Francis Bacon y otros, así como el industrialismo contemporáneo que trata la naturaleza como una mera exposición de recursos con vistas al enriquecimiento.
El primer paradigma –el ser humano es parte de la naturaleza– vive una relación fraterna y amigable con todos los seres. Se debe ampliar el principio kantiano: no sólo el ser humano es un fin en sí mismo, sino igualmente todos los vivientes y por eso deben ser respetados.
Hay un dato científico que favorece esta posición. Al descodificarse el código genético por Drick y Dawson en los años 50 del siglo pasado, se verificó que todos los seres vivos, desde la ameba más originaria, pasando por las grandes selvas y por los dinosaurios y llegando hasta nosotros los humanos, poseemos el mismo código genético de base: los 20 aminoácidos y las cuatro bases fosfatadas. Esto llevó a la Carta de la Tierra, uno de los principales documentos de la UNESCO sobre la ecología moderna, a afirmar que «tenemos un espíritu de parentesco con toda la vida» (Preámbulo).
El Papa Francisco es más enfático: «caminamos juntos como hermanos y hermanas y un lazo nos une con tierno afecto al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra» (n.92). Desde esta perspectiva, todos los seres, en la medida en que son nuestros primos y hermanos/as y poseen su nivel de sensibilidad e inteligencia, son portadores de dignidad y de derechos. Si la Madre Tierra goza de derechos, como afirmó la ONU, ellos, como partes vivas de la Tierra, participan de estos derechos.
El segundo paradigma –el ser humano señor de la naturaleza– tiene una relación de uso con los demás seres y los animales. Si conocemos los procedimientos de matanza de bovinos y de aves quedamos horrorizados de los sufrimientos a los que son sometidos.
La Carta de la Tierra nos advierte: «hay que proteger a los animales salvajes de métodos de caza, trampas y pesca que causen sufrimiento extremo, prolongado y evitable» (n. 15b). Ahí recordamos las sabias palabras del cacique Seattle (1854): «¿Que es el hombre sin los animales? Si se acabasen todos los animales, el hombre (y la mujer digo yo) moriría de soledad de espíritu. Porque todo lo que les sucede a los animales, le sucederá también al hombre. Todo está relacionado entre sí».
Si no nos convertimos al primer paradigma, continuaremos con la barbarie contra nuestros hermanos y hermanas de la comunidad de vida: los animales. En la medida en que crece la conciencia ecológica sentimos cada vez más que somos parientes y como tales nos debemos tratar, como San Francisco con el hermano lobo de Gubbio y con los seres más simples de la naturaleza.
LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA Y SU DIGNIDAD. Ana Luisa Muñoz Flores
Imagen: "Madre Tierra". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores
Los derechos de la Madre Tierra y su dignidad
2017-11-23 por Leonardo Boff
Anteriormente hemos escrito sobre los derechos de los animales. Ahora procede discurrir sobre los derechos de la Madre Tierra y de su alta dignidad. El tema es relativamente nuevo, pues la dignidad y los derechos estaban reservados solamente a los seres humanos, portadores de conciencia y de inteligencia, como lo hace Kant en su ética.
Predominaba todavía la visión antropocéntrica, como si nosotros exclusivamente fuésemos portadores de dignidad. Olvidamos que somos parte de un todo mayor. Como dicen renombrados cosmólogos, si el espíritu está en nosotros es señal de que estaba antes en el universo del cual somos parte.
Hay una tradición que viene desde la más remota antigüedad que siempre ha entendido a la Tierra como la Gran Madre que ha generado a todos los seres que existen en ella. Las ciencias de la Tierra y de la vida, por vía científica, nos confirmaron esta visión. La Tierra es un superorganismo vivo, Gaia (Lovelock), que se autorregula para ser siempre apta para mantener la vida en el planeta.
La propia biosfera es un producto biológico pues se origina de la sinergia de los organismos vivos con todos los demás elementos de la Tierra y del cosmos. Crearon el hábitat adecuado para la vida, la biosfera. Por lo tanto, no sólo hay vida sobre la Tierra. La Tierra misma está viva y como tal tiene un valor intrínseco y debe ser respetada y cuidada como todo ser vivo. Este es uno de los títulos de su dignidad y la base real de su derecho de existir y de ser respetada.
Los astronautas nos dejaron este legado: vista desde fuera, Tierra y Humanidad fundan una única entidad; no pueden ser separadas. La Tierra es un momento de la evolución del cosmos; la vida es un momento de la evolución de la Tierra; y la vida humana, un momento de la evolución de la vida. Por eso podemos decir con razón que el ser humano es aquella porción de la Tierra en que ella empezó a tomar conciencia, a sentir, a pensar y a amar. Somos su porción consciente e inteligente.
Si los seres humanos tienen dignidad y derechos, como es consenso entre los pueblos, y si Tierra y seres humanos constituyen una unidad indivisible, entonces podemos decir que la Tierra participa de la dignidad y de los derechos de los seres humanos y viceversa.
Por eso no puede sufrir una sistemática agresión, explotación y depredación por un proyecto de civilización como el nuestro que sólo la ve como algo sin inteligencia y por eso la trata sin ningún respeto, negándole valor intrínseco en función de la acumulación de bienes materiales.
Es una ofensa a su dignidad y una violación de su derecho de poder continuar íntegra, limpia y con capacidad de reproducción y de regeneración. Por eso, está en discusión en la ONU el proyecto de un Tribunal de la Tierra que castigue a quien viola su dignidad, contamina sus océanos y destruye sus ecosistemas, vitales para el mantenimiento de los climas y del ciclo de la vida.
Finalmente, hay un último argumento que se deriva de una visión cuántica de la realidad. Esta constata, según Einstein, Bohr y Heisenberg, que la materia no existe, pues todo, en el fondo, es energía en distintos grados de densidad. La llamada materia es energía altamente interactiva. La materia, desde los hadrones y los topquarks, no tiene solamente masa y energía. Todos los seres son portadores también de información, fruto de la interacción entre ellos.
Cada ser se relaciona con los otros a su manera de tal forma que se puede decir que surgen niveles de subjetividad y de historia. La Tierra en su larga historia de 4,5 mil millones de años guarda esta memoria ancestral de su trayectoria evolutiva. Ella tiene subjetividad e historia. Lógicamente, es diferente de la subjetividad y de la historia humana, pero la diferencia no es de principio (todos están conectados entre sí) sino de grado (cada uno a su manera).
Una razón más para entender, con los datos de la ciencia cosmológica más avanzada, que la Tierra posee dignidad y por eso es portadora de derechos, lo que corresponde por nuestra parte a los deberes de cuidarla, amarla y mantenerla saludable para continuar generándonos y ofreciéndonos los bienes y servicios que nos presta.
Este es uno de los mensajes centrales de la encíclica del Papa Francisco “sobre el cuidado de la Casa Común” (2015). En la misma línea va la Carta de la Tierra, uno de los documentos axiales de la nueva visión de la realidad (2000) y de los valores que es importante asumir para garantizar su vitalidad. El sueño colectivo que propone no es “desarrollo sostenible”, fruto de la economía política dominante, antiecológica, sino “un modo de vida sostenible” que resulta del cuidado de la vida y de la Tierra.
Este sueño supone entender a “la humanidad como parte de un vasto universo en evolución” y a la “Tierra como nuestro hogar y viva”. Implica también “vivir el espíritu de parentesco con toda la vida”, “con reverencia el misterio de la existencia, con gratitud el don de la vida y con humildad nuestro lugar en la naturaleza” (Preámbulo). Propone una ética del cuidado que utiliza racionalmente los bienes escasos para no perjudicar el capital natural ni a las generaciones futuras; ellas también tienen derecho a un Planeta sostenible y con buena calidad de vida.
Esto solamente ocurrirá si respetamos la dignidad de la Tierra y los derechos que ella tiene de ser cuidada y guardada para todos los seres, también los futuros.
Ahora puede comenzar el tiempo de una biocivilización en la cual Tierra y Humanidad, dignas y con derechos, reconocen su recíproca pertenencia, de origen y de destino común.
24 de julio de 2017
El encuentro feliz de la Pachamama con Gaia. Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores
Imagen: "Asiyta kallarimunña". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores
El encuentro feliz de la Pachamama con Gaia
2017-07-20
Quiero presentar un libro que en breve saldrá traducido en Brasil: La Pachamama y el ser humano (Ediciones Colihue 2012) de Eugenio Raúl Zaffaroni, bien conocido en Brasil en el ámbito jurídico. Es un reconocido magistrado argentino, ministro de la Corte Suprema desde 2003 a 2014 y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.
El presente libro se inscribe entre las mejores contribuciones de orden ecológico y filosófico que se han escrito últimamente. Se sitúa en la línea de la encíclica del Papa Francisco, también argentino, Laudato Si, sobre el cuidado de la Casa Común (2015). Zaffaroni aborda la cuestión de la ecología integral, especialmente la violencia social y particularmente la violencia contra los animales, con una información admirable de orden científico y filosófico.
Lo más importante del libro es la crítica del paradigma dominante, surgido con los padres fundadores de la modernidad de los siglos XVI y XVII que ex abrupto introdujeron una profunda cisura entre el ser humano y la naturaleza. El contrato natural, presente en las culturas de Occidente y Oriente desde tiempos inmemoriales, sufrió un corte fatal y letal.
La Tierra dejó de ser la Magna Mater de los antiguos, la Pachamama de los andinos y la Gaia de los contemporáneos, algo vivo y generador de vida, para ser transformada en una cosa inerte (res extensa de Descartes), en un mostrador de recursos colocados a disposición de la voracidad ilimitada de los seres humanos. Es clásica la formulación de René Descartes: el ser humano es el maître et possesseur de la naturaleza, es decir, es el amo y señor de la naturaleza. Puede hacer de ella lo que bien le parezca. Y lo ha hecho.
La cultura moderna se construyó sobre la comprensión del ser humano como dominus, como señor y dueño de todas las cosas. Estas no poseen valor intrínseco, en contra de lo que van a afirmar más tarde la Carta de la Tierra y con gran fuerza la encíclica papal. Su valor reside sólo en poder estar al servicio del ser humano.
Es el proyecto del poder, entendido como capacidad de dominación sobre todo y sobre todos, partiendo de quien tiene más poder. En este caso, los europeos, que realizaron la aventura del sometimiento de la naturaleza, la conquista del mundo, la colonización de naciones enteras, el genocidio, el ecocidio y la destrucción de culturas ancestrales. Y lo hicieron usando la fuerza brutal de las armas, de la espada y también de la cruz. Hoy en día con armas capaces de extinguir la especie humana.
Zaffaroni rastrea el surgimiento de este proyecto civilizatorio y lo hace con gran riqueza bibliográfica. Se enfrenta con valor y con gran libertad crítica a los presumidos corifeos del pensamiento moderno como Hegel, Spencer, Darwin y Heidegger. Me restrinjo a las críticas que hace al Hegel del Geist (espíritu). Con su filosofía-ideología se volvió el mayor exponente del etnocentrismo. Herbert Spencer con su biologismo estableció la raza blanca como superior y todas las demás consideradas como inferiores, lo que acabó por legitimar el colonialismo y todo tipo de prejuicios.
Zaffaroni aborda la cuestión del animal visto como sujeto de derechos. Escribe: “a nuestro juicio, el bien jurídico en el delito de malos tratos a animales no es otro que el derecho del propio animal a no ser objeto de crueldad humana, para lo cual es menester reconocerle el carácter de sujeto de derechos”. El autor es duro al constatar “que nos hemos convertido en los campeones biológicos de la destrucción intra-especie y en los depredadores máximos extra-especie”. Su propuesta es clara: “Solamente sustituyendo el saber del dominus por el de fraterr podemos recuperar la dignidad humana” y sentirnos hermanados con los demás seres.
América Latina fue la primera en inaugurar un constitucionalismo ecológico, incluyendo en las constituciones de Ecuador y Bolivia los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra. Anteriormente, y también por primera vez, fue México quien introdujo en su constitución de 1917 los derechos sociales.
Zaffaroni hace la apología de las virtualidades creadoras de armonía del ser humano con la naturaleza que la visión andina del “buen vivir y convivir” (sumak kawsay) comporta; también de Gaia, la Tierra como un superorganismo vivo que se autorregula para siempre producir y reproducir vida.
La Pachamama y Gaia son dos caminos que se encuentran “en una feliz coincidencia del centro y de la periferia del poder planetario”. Ambos son portadores de esperanza de una Tierra Casa Común, en la cual todos los seres están incluidos. Ellos nos liberarán de las amenazas apocalípticas del fin de nuestra civilización y de la vida.
Zaffaroni nos trae una brillante y convincente perspectiva, crítica severa por un lado, pero llena esperanza por otro. Merece la pena leerlo, estudiarlo e incorporar en nuestra comprensión su visión de una ecología holística y profundamente integradora de todos los elementos de la naturaleza y del universo.
El Acuerdo de París y la “celebración” del Día de Tierra
Imagen "Diente de león". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores
El Acuerdo de París y la “celebración” del Día de Tierra
El 22 de abril, fecha en que se celebra el Día de la Tierra, en una ceremonia en la sede de la ONU en Nueva York, tendrá lugar la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, logrado tras interminables negociaciones en la COP21, en diciembre pasado. Pero ¿es el Acuerdo de París ese gran paso para la salvación del planeta?
Lillian Álvarez [1]
El 22 de abril, fecha en que se celebra el Día de la Tierra, en una ceremonia en la sede de la ONU en Nueva York, tendrá lugar la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, logrado tras interminables negociaciones en la COP21, en diciembre pasado. El Acuerdo entrará en vigor treinta días después de la fecha en la que al menos cincuenta y cinco Estados Partes de la Convención hayan depositado sus instrumentos de ratificación, aceptación, aprobación o adhesión, siempre que sumen al menos el 55% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).
Pero ¿es el Acuerdo de Paris ese gran paso para la salvación del planeta?
Con júbilo reflejaron los grandes medios el acuerdo climático “histórico” suscrito en París el sábado 12 de diciembre de 2015, y los abrazos eufóricos de los “líderes” Si bien es cierto que por primera vez un número tan alto de países asume enfrentar en común el reto del cambio climático y se compromete con planes nacionales para disminuir las emisiones de GEI,[2] y que el tema medioambiental se colocó mediáticamente en un sitio que antes no había alcanzado, dada la gravedad del escenario actual y futuro, el Acuerdo dejó mucho que desear. Muchas estratagemas fueron utilizadas para que el mismo, manteniendo de alguna forma el respeto al principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas de la Convención Marco de Naciones Unidas contra el Cambio Climático (CMNUCC), poco obligara a los países más desarrollados y mantuviera intactas las causas más esenciales del problema. También se recurrió a maniobras dilatorias y de todo tipo que resulta necesario analizar y denunciar.
Veamos algunas de las características más significativas del recién adoptado acuerdo.
1) Las contribuciones a la disminución de emisiones presentadas por cada país son de cumplimiento voluntario, o sea, no existe ningún mecanismo para exigir su cumplimiento. No hay ninguna obligación adicional para los países más industrializados.
2) La suma de los compromisos presentados por separado por cada país, de cumplirse, limitarían el incremento de la temperatura de la atmósfera con respecto a los niveles preindustriales[3] en 2,7 grados Celsius o más, lo cual está muy por encima de lo considerado aceptable.
3) Si esta suma no permite cumplir la meta propuesta de 2 grados, es por consiguiente muy difícil pensar que, sin establecerse compromisos adicionales, se podrá limitar el ascenso de la temperatura a 1,5 grados como se ha planteado (y resulta indispensable para los países insulares más vulnerables).
4) No se tiene en cuenta que muchos países condicionan el cumplimiento de sus metas a la recepción de financiamiento externo a estos efectos, para lo cual no hay compromisos.
5) Se proyecta que los países alcanzarán el pico de emisiones "lo antes posible”, expresión imprecisa y abstracta ante una meta de tanta urgencia.
6) Para cumplir los compromisos de reducción de emisiones, los países no se obligan a cambiar su modelo energético. No se hace referencia específica a las energías renovables, al ahorro y a la eficiencia energética.
7) Admite el comercio de carbono y otros métodos basados en la mercantilización de la naturaleza y la lógica del mercado como solución. (Esta mención a los mecanismos de mercado estuvo en discusión hasta el borrador final.)[4]
8) Los países revisarán sus compromisos cada cinco años, con la idea de ir aumentando la “ambición” o alcance de las metas con el tiempo. En ningún caso este aumento se ha cuantificado.
9) El primer balance general del Acuerdo se realizaría en 2023, fecha muy lejana para poder tomar medidas y proponerse metas superiores.
10) Se menciona “la importancia que tiene para algunos el concepto de justicia climática” en la parte declarativa y queda eliminada la propuesta de crear una Corte Internacional que juzgue los crímenes contra la naturaleza.
11) Se rechazó la inclusión del reconocimiento de la deuda climática a favor de los países en desarrollo.
12) No se cuestionan prácticas extractivas peligrosas y contaminantes como el fracking, la geoingeniería y otras. No se menciona el principio precautorio, que obliga a abstenerse de emplear tecnologías cuyo impacto medioambiental se desconoce o se presume que sea negativo.[5]
13) Indica la necesidad de “un desarrollo con bajas emisiones”, pero no cómo alcanzarlo. Se excluyó el imperativo de eliminar la quema de combustibles fósiles.
14) Hace un particular uso de la formas verbales “deberán” y “deberían”. Emplea “deberán” cuando se trata de informaciones y aspectos formales o cuando se acota que es de “voluntario cumplimiento”. Por el contrario, utiliza “deberían” al referirse a obligaciones para países desarrollados con respecto a los países en desarrollo y cuando se trata de compromisos de financiamiento.
15) No aborda temas de tanta significación como:
a) derechos humanos (solo se mencionan en la parte preliminar, con un enfoque declarativo y utilizando la fórmula “deberían”);
b) el empleo y cómo puede ser afectado por una transición a economías más bajas en el uso del carbono;
c) los refugiados o desplazados climáticos;
d) la perspectiva de género: se limita a observar que la “adaptación debería llevarse a cabo mediante un enfoque que (…) responda a las cuestiones de género”.
16) En el cuerpo del Acuerdo no se alude al reconocimiento de los territorios de los pueblos originarios y al papel de estos pueblos en la conservación del planeta. Solo refiere que la adaptación “debería” llevarse a cabo tomando en cuenta, “cuando corresponda”, los conocimientos de los pueblos indígenas.
17) Se excluyeron de los compromisos los sectores del transporte aéreo y marítimo, grandes contaminantes que representan el 10% de las emisiones totales, y estaban incluidos en el Protocolo de Kioto.
18) Respecto al compromiso de financiamiento de los países desarrollados con los países en desarrollo, no hay metas novedosas y no se determina cómo se llegará a los tan mencionados cien mil millones de dólares necesarios para comenzar. (El Fondo Verde del Clima, aprobado desde 2011, es en 2015 que está “operativo”.)[6]
19) No hay acuerdos acerca de una utilización adecuada del financiamiento, que podría ser destinado a favorecer negocios asociados a falsas soluciones.
20) Hace referencia a los requerimientos de capacitación de los países en desarrollo como obstáculo para la transferencia de tecnologías; pero no a los requisitos y costos de los derechos de propiedad intelectual que actúan como barreras insalvables en estas transferencias, sin que se acuerde ningún tipo de flexibilidad en este sentido.
21) No se alude a la necesidad de cambiar del modelo agroindustrial a un modelo de agricultura sostenible. La mención a la seguridad alimentaria, al hambre y a la vulnerabilidad de la producción de alimentos a causa del cambio climático aparece solo en el Preámbulo, sin una concreción en los compromisos.
22) Se incluye un “Mecanismo de Pérdidas y Daños” vinculado a los efectos más adversos del cambio climático; pero no detalla ninguna herramienta financiera para abordarlo.
23) No tienen en cuenta los aspectos sociales. Sólo menciona la “pobreza” en el Preámbulo como “contexto”.
24) No se cuestiona la subvención a los combustibles fósiles, que ni siquiera están mencionados.
25) No aparecen palabras y expresiones como “industria”, “carbón”, “petróleo”, “gas natural”, “transición energética”, “modelo energético”, “reciclaje”, “empleo”, “bienes comunes” y “ser humano”.
26) Las Partes “se proponen lograr” que “las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero alcancen…”, lo cual expresa intención, no compromiso ni obligación.
27) Es notoria la incoherencia entre los principios y derechos que dice respetar y promover el Preámbulo y el contenido del Acuerdo,[7] lo que le otorga al texto vaguedad e incongruencia.
Hasta aquí algunas observaciones preliminares sobre un Acuerdo que acaba de ser aprobado y que se encuentra abierto a la firma. Muchos otros aspectos, se derivarán de estudios más detenidos.
Es evidente que los líderes actuales de las potencias capitalistas desarrolladas no pueden comprometerse con obligaciones que dificulten la búsqueda de ganancias a toda costa y pongan freno al consumo. No podrían tampoco criticar que se plantee el crecimiento infinito en un planeta finito. Al desconocerse y eludirse el análisis de las causas fundamentales del colapso, ninguna negociación ni acuerdo es capaz de acercarse a una solución.
Han sido notoriamente visibles el empleo de maniobras para violentar, complicar o retardar el proceso de la negociación, favorecer opiniones no consensuadas ni aprobadas, falsear resultados, impedir la participación plural y transparente en la discusión de los textos, intentar definir los asuntos álgidos a puertas cerradas e influir por métodos turbios sobre organizaciones y representantes de gobiernos.
Con el Acuerdo de París hubo una obvia manipulación mediática de las negociaciones y de sus resultados. Ejemplo de ello fueron las noticias esperanzadoras acerca del inminente logro del acuerdo, al que “sólo le faltaban” concretar tres aspectos: financiación, diferenciación y ambición. Es decir, el financiamiento que los países desarrollados transferirían a los países en desarrollo, las diferencias de responsabilidades entre unos y otros y qué objetivo se plantearía el Acuerdo con respecto al tope de la temperatura. Nada menos que los tres temas más importantes. Aprobado ya el Acuerdo y sin un examen serio, los medios lo aplaudieron y hasta celebraron como logros simples referencias a cuestiones que ya habían sido incorporadas a instrumentos normativos anteriores como la CMNUCC y la Declaración de Río.
Los atentados en la ciudad de París, días antes del comienzo de la COP 21, desplazaron la atención de los debates sobre el clima y sirvieron de pretexto para prohibir las manifestaciones públicas, algo que dejó sin voz a buena parte de los implicados en los temas que se discutirían. No obstante, hubo algunas movilizaciones de la sociedad civil, aunque de modo limitado y bajo represión.
Aunque se alcanzó un acuerdo, la comunidad internacional no puede sentirse satisfecha. El peligro sigue estando tan cerca como antes de París. O seguramente más cerca. Tan irresponsables son las posiciones negacionistas que, desde la ciencia pagada, desconocen la amenaza e intentan remedar al avestruz, como las que aceptan el riesgo y posponen decisiones inaplazables.
Varias opiniones sobre lo acordado en París resultan elocuentes: la de Benjamin Sporton, líder de la Asociación Mundial del Carbón, quien le restó importancia al asunto y dijo que no ve al nuevo acuerdo estimulando un "cambio masivo” en este momento; aquellas de los líderes republicanos en EEUU, que subrayaron la condición no vinculante del Acuerdo para el Congreso de ese país y aseguraron que se va a seguir estimulando la política energética vigente; y la de Amber Rudd, de la Secretaría de Energía y Cambio Climático del Reino Unido, que describió la meta de 1,5 grados Celsius como una mera “aspiración”. [8]
Por otra parte, figuras del pensamiento anti hegemónico como François Houtart y Leonardo Boff han expresado críticas demoledoras: “La conferencia de París [señala Houtart] significa la victoria del mercado en su forma capitalista, (…) de la liberalización del comercio, frente a los valores de solidaridad y complementariedad, sin las cuales no se resolverá el problema del equilibrio climático del mundo.”[9]. Según Boff, “La COP 21 quiere curarnos dándonos el veneno que nos está matando (…) si realmente quisiéramos estabilizar el clima (…) deberíamos cambiar de paradigma: pasar de una sociedad industrialista/consumista a una sociedad de sostenimiento de toda la vida”[10] Para el científico James Hansen, uno de los primeros en alertar sobre el cambio climático, el Acuerdo “Es realmente un fraude (…) sólo palabras sin valor. No hay acción, sólo promesas.”[11]
La ONG Ecologistas en Acción lo valora de “decepcionante” e “insuficiente”[12] y el director de Greenpeace Internacional alerta que “no fija los medios” para conseguir su principal propósito y que, al no ser vinculantes ni los objetivos nacionales ni los compromisos de financiación, resulta “frustrante”.[13] Oxfam ha denunciado que es “insuficiente”, ya que no incluye medidas para ayudar a los más pobres y vulnerables; mientras que WWF señala que la reducción de las emisiones que prevé es “la mitad de la necesaria”.[14] Action Aid señala que EEUU y otros países desarrollados les “negaron a la gente su derecho” y los dejaron “a merced de los impactos del cambio climático"[15]. El portavoz de Vía Campesina, coordinadora mundial de movimientos campesinos, denunció: “Las multinacionales son los principales beneficiarios. Fue esencialmente un circo mediático.” [16]
Como se aprecia, nos encontramos en una coyuntura en la que solo ha podido lograrse un pacto que queda muy por debajo de las expectativas y del enorme riesgo. Esta crítica situación hace que nuestra pasividad comprometa el derecho a la vida de nuestros propios hijos y nietos, y los condenemos a enfrentar condiciones ambientales insostenibles. Surge una responsabilidad –incluso penalmente hablando– con respecto a esas generaciones. Si no actuamos, estaremos siendo cómplices de un delito de genocidio.
[1]Este artículo forma parte del ensayo “Koyaanisqatsi”, Premio Especial “Una especie en peligro” del Concurso Internacional de Ensayo Pensar a Contracorriente 2016.
[2] La CMNUCC tuvo una cifra notable de firmantes, pero no establecía limitaciones concretas; y la experiencia de Kioto había sido parcial, con un grupo más pequeño de países.
[3] El Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) insta a los gobiernos a evitar una subida de más de dos grados en la temperatura mundial durante este siglo (2014). Recuperado de: http://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml .
[4] Houtart, François ., “La conferencia de París sobre el clima”, La Jornada, 20-12-2015. Recuperado de: http://www.jornada.unam.mx/2015/12/20/opinion/020a1mun .
[5]Consagrado tanto en la Declaración de Río 1992 como en la CMNUCC.
[6] La Agencia Internacional de Energía de Naciones Unidas estima que se necesitarían diez veces más de lo planteado, es decir, un millón de millones de dólares, para estabilizar el clima. Véase Houtart, François, cit.
[7] Generalmente se incluyen en el Preámbulo, además de los principios y conceptos que dan motivo a la Convención, aquellos aspectos muy discutidos que no pudieron incluirse como obligaciones en el mismo.
[8] COP21: “Climate obstacles emerge within hours”, Financial Times, 13-12-2015. Recuperado de: http://www.ft.com/intl/cms/s/2/daa0b3e8-a1c3-11e5-8d70-42b68cfae6e4.html#axzz3wgODbIeJ
[9] Houtart, François, cit.
[10] Boff, Leonardo “La COP 21 pavimenta el camino hacia el desastre”, Servicios Koinonia 2015-12-22 Recuperado de http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=745
[11]‘James Hansen, father of climate change awareness, calls Paris talks 'a fraud' , The Guardian, 12-12- 2015 Recuperado de http://www.theguardian.com/environment/2015/dec/12/james-hansen-climate-change-paris-talks-fraud
[12] “París, un acuerdo decepcionante que desoye a la ciudadanía .Ecologistas en acción”, Diciembre de 2015, Recuperado de http://www.ecologistasenaccion.org/article31348.html
[13] “Acuerdo COP21: Punto de partida para el abandono de los combustibles fósiles pero con compromisos insuficientes para lograrlo”, Greenpeace 12-12-2015 , Recuperado de http://m.greenpeace.org/espana/es/high/Blog/acuerdo-cop21-punto-de-partida-para-el-abando/blog/55096/
[14] COP21: Acuerdo universal para combatir el cambio climático pese a críticas de Oxfam y WWF. Martes, 12-11-2016, Boletín ecológico Recuperado de http://www.boletinecologico.org/cop21-acuerdo-universal-para-combatir-el-cambio-climatico-pese-criticas-de-oxfam-wwf/
[15] La COP21 terminó con un documento de consenso, pero ambientalistas resaltan vacíos. 15-12-2015. La Mula. Recuperado de https://redaccion.lamula.pe/2015/12/15/los-puntos-clave-del-acuerdo-de-paris-y-sus-criticas/albertoniquen/
[16] Movimientos sociales califican de mascarada acuerdo en COP21 , Periódico26, 18-12-2015, Ojeda, István Recuperado de http://www.periodico26.cu/index.php/opinion/20201-movimientos-sociales-califican-de-mascarada-acuerdo-en-cop21-infografia
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