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30 de abril de 2018

¿Qué significa ser y sentirse Tierra? Leonardo BOFF. Publicado por Ana Luisa Muñoz Flores




Imagen: "Pachamama". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores



La Tierra se ha transformado actualmente en el grande y oscuro objeto del amor humano. Nos damos cuenta de que podemos ser destruidos. No por algún meteoro rasante ni por algún cataclismo natural de proporciones fantásticas, sino por causa de una irresponsable actividad humana. Se han construido dos máquinas de muerte, que pueden destruir la biosfera: el peligro nuclear y la sistemática agresión ecológica al sistema Tierra.

En razón de esta doble alarma, despertamos de un ancestral sopor. Somos responsables de la vida o de la muerte de nuestro planeta vivo. De nosotros depende el futuro común, nuestro y de nuestra querida casa común, la Tierra. Como medio de salvación de la Tierra invocamos hoy la ecología. No en el sentido palmario y técnico de gestionamiento de los recursos naturales, sino como una visión del mundo alternativa, como un nuevo paradigma de relación respetuosa y sinergética para con la Tierra y para con todo lo que ella contiene.
Cada vez entendemos mejor que la ecología se ha convertido en el contexto de todos los problemas: de la educación, del proceso industrial, de la urbanización, del derecho y de la reflexión filosófica y religiosa.

A partir de la ecología, se está elaborando e imponiendo un nuevo estado de conciencia en la humanidad que se caracteriza por más benevolencia, más compasión, más sensibilidad, más ternura, más solidaridad, más cooperación, más responsabilidad entre los seres humanos hacia la tierra y hacia la necesidad de su conservación.

En esta perspectiva alimentamos una perspectiva optimista. La Tierra puede y debe ser salvada. Y será salvada. Ella ya pasó por más de 15 grandes devastaciones. Y siempre sobrevivió y puso a salvo el principio de vida. Y llegará a superar también el actual impasse, pero con una condición: que cambiemos de rumbo y de óptica. De esta nueva óptica surgirá una nueva ética de responsabilidad compartida y de sinergía para con la Tierra.
Tratemos de fundamentar este nuestro optimismo.

1. Somos Tierra que piensa, siente y ama
El ser humano, en las diversas culturas y fases históricas, reveló una intuición segura: pertenecemos a la Tierra; somos hijos e hijas de la Tierra; somos Tierra. De ahí que hombre venga de humus. Venimos de la Tierra y volveremos a la Tierra. La Tierra no está frente a nosotros como algo distinto de nosotros mismos. Tenemos la Tierra dentro de nosotros. Somos la propia Tierra que en su evolución llegó al estadio de sentimiento, de comprensión, de voluntad, de responsabilidad y de veneración. En una palabra: somos la Tierra en su momento de auto-realización y de autoconsciencia.
Inicialmente, pues, no hay distancia entre nosotros y la Tierra. Formamos una misma realidad compleja, diversa y única.
Ha sido lo que han testimoniado los diversos astronautas, los primeros en contemplar la Tierra desde fuera de la Tierra. Dijeron enfáticamente: desde aquí, desde la Luna, a bordo de nuestras naves espaciales, no notamos diferencia entre la Tierra y la humanidad, entre negros y blancos, demócratas o socialistas, ricos y pobres. Humanidad y Tierra forman una única realidad espléndida, reluciente, frágil y llena de vigor. Esta percepción no es ilusoria, es radicalmente verdadera.
Dicho en términos de moderna cosmología: estamos formados con las mismas energías, con los mismos elementos físico-químicos dentro de la misma red de relaciones de todo con todo, que actúan hace 15 billones de años, desde que el universo, dentro de una inconmensurable inestabilidad (big bang - inflación y explosión), emergió en la forma que hoy conocemos. Conociendo un poco esta historia del Universo y de la Tierra estamos conociéndonos a nosotros mismos y a nuestra ancestralidad.

Cinco grandes actos estructuran el teatro universal del que somos co-actores:
El primero es el cósmico: irrumpió el universo todavía en proceso de expansión; y en la medida en que se expande se auto-crea y se diversifica. Nosotros estábamos allí en las posibilidades contenidas de ese proceso.
El segundo es el químico: en el seno de las grandes estrellas rojas (los primeros cuerpos que se densificaron se formaron hace por lo menos 10 billones de años) se formaron todos los elementos pesados que hoy constituyen cada uno de los seres, como el oxígeno, el carbono, el silicio, el nitrógeno, etc. Con la explosión de las grandes estrellas (se volvieron super nuevas) tales elementos se desparramaron por todo el espacio: constituyeron las galaxias, las estrellas, la Tierra, los planetas y los satélites de la actual fase del universo. Aquellos elementos químicos circulan por todo nuestro cuerpo, sangre y cerebro.
El tercer acto es el biológico: de la materia que se complejifica y se enrolla sobre sí misma, en un proceso llamado de autopoiese (autocreación y auto-organización), irrumpió, hace 3'8 billones de años, la vida en todas sus formas; atravesó profundas diezmaciones pero siempre subsistió y llegó hasta nosotros en su inconmensurable diversidad...

El cuarto es lo humano, subcapítulo de la historia de la vida. El principio de complejidad y de auto-creación encuentra en los seres humanos inmensas posibilidades de expansión. La vida humana floreció, cerca de 10 millones de años atrás. Surgió en África. A partir de allí, se difundió por todos los continentes hasta conquistar los confines más remotos de la Tierra. Lo humano mostró gran flexibilidad; se adaptó a todos los ecosistemas, a los más gélidos de los polos, a los más tórridos de los trópicos, en el suelo, en el subsuelo, en el aire y fuera de nuestro planeta, en las naves espaciales y en la Luna. Sometió a las demás especies, menos a la mayoría de los virus y de las bacterias. Es el triunfo peligroso de la especie horno sapiens y demens.

Por fin, el quinto acto, es planetario: la humanidad, que estaba dispersa, está volviendo a la casa común, al planeta Tierra. Se descubre como humanidad, con el mismo origen y el mismo destino de todos los demás seres de la Tierra. Siéntese como la meta consciente de la Tierra, un sujeto colectivo, por encima de las culturas singulares y de los estados-naciones. A través de los medios de comunicación globales, de interdependencia de todos con todos, está inaugurando una nueva fase de su evolución, la fase planetaria. A partir de ahora, la historia será la historia de la especie homo, de la humanidad unificada e interconectada con todo y con todos.
Sólo podemos entender el ser humano-Tierra si lo conectamos con todo ese proceso universal; los elementos materiales y las energías sutiles conspiraron para que lentamente se fuese gestando y, finalmente, pudiese nacer.

2. ¿Qué es la dimensión-Tierra en nosotros?
¿Pero qué significa concretamente, más allá de nuestra ancestralidad, nuestra dimensión-Tierra? Significa, en primer lugar, que somos parte y parcela de la Tierra. Vivimos de ella. Somos producto de su actividad evolucionaría. Tenemos en el cuerpo, en la sangre, en el corazón, en la mente y en el espíritu elementos-Tierra. De esta constatación resulta la conciencia de profunda unidad e identificación con la Tierra y con su inmensa diversidad. No podemos caer en la ilusión racionalista y objetivista de que nos situamos ante la Tierra como delante de un objeto extraño. En el primer momento se impone una relación sin distancia, sin bis-a-bis, sin separación. Somos uno con ella.
En un segundo momento, podemos pensar la Tierra. Y entonces, sí, nos distanciamos de ella para poder verla mejor. Ese distanciamiento no rompe nuestro cordón umbilical con ella. Por tanto, este segundo momento no invalida el primero. Tener olvidada nuestra unión con la Tierra fue el equívoco del racionalismo en todas sus formas de expresión. Él generó la ruptura con la Madre. Dio origen al antropocentrismo, en la ilusión de que, por el hecho de pensar la Tierra, podemos colocarnos sobre ella para dominarla y para disponer de ella con placer suyo incluido.
Por sentirnos hijos e hijas de la Tierra, por ser la propia Tierra pensante y amante, la vivimos como Madre. Ella es un principio generativo. Representa a lo femenino que concibe, gesta y da a luz. Emerge así el arquetipo de la Tierra como Gran Madre, Pacha Mama y Nana. De la misma manera que todo genera y entrega la vida, ella también acoge todo y todo lo recoge en su seno. Al morir volvemos a la Madre Tierra, regresamos a su útero generoso y fecundo. El Feng-Shui, la filosofía ecológica china, representa un grandioso sentido de la muerte como unión con Tao y con los ritmos de la naturaleza, de donde todos los seres vienen y adonde todos vuelven. Conservar la naturaleza es condición también para que puedan nacer nuevos seres humanos y hagan su recorrido en el tiempo.

Sentir que somos Tierra nos hace tener los pies en el suelo. Nos hace percibir todo de la Tierra, su frío y calor, su fuerza que amenaza tanto como su belleza que encanta. Sentir la lluvia en la piel, la brisa que refresca, el huracán que avasalla. Sentir la respiración que nos entra, los olores que nos embriagan o nos repelen. Sentir la Tierra es sentir sus nichos ecológicos, captar el espíritu de cada lugar, inserirse en un determinado lugar. Ser Tierra es sentirse habitante de cierta porción de tierra. 

Habitando, nos hacemos en cierta manera prisioneros de un lugar, de una geografía, de un tipo de clima, del régimen de lluvias y vientos, de una manera de morar y de trabajar y de hacer historia. Ser Tierra es ser concreto concretísimo. Configura nuestro límite. Pero también significa nuestra base firme, nuestro sitio de contemplación de todo, nuestra plataforma para poder alzar vuelo por encima de este paisaje y de este pedazo de Tierra, rumbo al Todo infinito.

Por fin, sentirse Tierra es percibirse dentro de una compleja humanidad de otros hijos e hijas de la Tierra. La Tierra no nos produce tan sólo a nosotros, los seres humanos. Produce la miríada de microorganismos que componen 90 % de toda la red de la vida, los insectos que constituyen la biomasa más importante de la biodiversidad. Produce las aguas, la capa verde con la infinita diversidad de plantas, flores y frutos. Produce la diversidad incontable de seres vivos, animales, pájaros y peces, nuestros compañeros dentro de la unidad sagrada de la vida, porque en todos están presentes los 20 aminoácidos que entran en la composición de la vida. Para todos produce las condiciones de subsistencia, de evolución y de alimentación, en el suelo, en el subsuelo y en el aire. Tierra es sumergirse en la comunidad terrenal, en el mundo de los hermanos 6.000 años antes de nuestra era, cuando era todavía una tierra verde, rica y fértil pasando por toda la cuenca del Mediterráneo, por la India y por la China, donde predominaban las divinidades femeninas, la Gran Madre Negra y la Madre-Reina. La espiritualidad era de una profunda unión cósmica y de una conexión orgánica con todos los elementos como expresión del Todo.

Al lado de una espiritualidad surgió, en segundo lugar, una política: las instituciones matriarcales. Las mujeres formaban los ejes organizadores de la sociedad y de la cultura. Surgieron sociedades sagradas, penetradas de reverencia, de ternura y de protección a la vida. Hasta hoy arrastramos la memoria de esta experiencia de la Tierra-Madre, en la forma de arquetipos y de una insaciable nostalgia por la integración, inscrita en nuestros propios genes. Los arquetipos continúan a irradiar en nuestra vida porque rememoran un pasado histórico real que quiere ser rescatado y obtener todavía vigencia en la vida actual. 

El ser humano precisa rehacer esta experiencia espiritual de fusión orgánica con la Tierra, a fin de recuperar sus raíces y experimentar su propia identidad radical. Precisa también resucitar la memoria política del feminismo para que la dimensión de anima entre en la elaboración de políticas con más equidad entre los sexos y con mayor capacidad de integración.

Esta nueva óptica podrá producir una nueva ética, orientada la firmación y el cuidado por todo lo que vive. En el nuevo paradigma emergente la Tierra y los hijos y las hijas de la Tierra serán la gran centralidad, el nuevo sueño del siglo XXI.

Este texto recoge reflexiones contenidas en los libros:
"Saber cuidar: ética de lo humano y compasión por la Tierra"
y "Dignidad de la Tierra", Trotta, Madrid 2000,
y fue publicado por la revisa Exodo 53 (abril 2000) 30-32.
Tradujo del portugués Benjamín Forcan


http://servicioskoinonia.org/relat/253.htm

24 de julio de 2017

El encuentro feliz de la Pachamama con Gaia. Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores


            Imagen: "Asiyta kallarimunña". Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores

El encuentro feliz de la Pachamama con Gaia

2017-07-20


  Quiero presentar un libro que en breve saldrá traducido en Brasil: La Pachamama y el ser humano (Ediciones Colihue 2012) de Eugenio Raúl Zaffaroni, bien conocido en Brasil en el ámbito jurídico. Es un reconocido magistrado argentino, ministro de la Corte Suprema desde 2003 a 2014 y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.

El presente libro se inscribe entre las mejores contribuciones de orden ecológico y filosófico que se han escrito últimamente. Se sitúa en la línea de la encíclica del Papa Francisco, también argentino, Laudato Si, sobre el cuidado de la Casa Común (2015). Zaffaroni aborda la cuestión de la ecología integral, especialmente la violencia social y particularmente la violencia contra los animales, con una información admirable de orden científico y filosófico.

Lo más importante del libro es la crítica del paradigma dominante, surgido con los padres fundadores de la modernidad de los siglos XVI y XVII que ex abrupto introdujeron una profunda cisura entre el ser humano y la naturaleza. El contrato natural, presente en las culturas de Occidente y Oriente desde tiempos inmemoriales, sufrió un corte fatal y letal.

La Tierra dejó de ser la Magna Mater de los antiguos, la Pachamama de los andinos y la Gaia de los contemporáneos, algo vivo y generador de vida, para ser transformada en una cosa inerte (res extensa de Descartes), en un mostrador de recursos colocados a disposición de la voracidad ilimitada de los seres humanos. Es clásica la formulación de René Descartes: el ser humano es el maître et possesseur de la naturaleza, es decir, es el amo y señor de la naturaleza. Puede hacer de ella lo que bien le parezca. Y lo ha hecho.

La cultura moderna se construyó sobre la comprensión del ser humano como dominus, como señor y dueño de todas las cosas. Estas no poseen valor intrínseco, en contra de lo que van a afirmar más tarde la Carta de la Tierra y con gran fuerza la encíclica papal. Su valor reside sólo en poder estar al servicio del ser humano.

Es el proyecto del poder, entendido como capacidad de dominación sobre todo y sobre todos, partiendo de quien tiene más poder. En este caso, los europeos, que realizaron la aventura del sometimiento de la naturaleza, la conquista del mundo, la colonización de naciones enteras, el genocidio, el ecocidio y la destrucción de culturas ancestrales. Y lo hicieron usando la fuerza brutal de las armas, de la espada y también de la cruz. Hoy en día con armas capaces de extinguir la especie humana.

Zaffaroni rastrea el surgimiento de este proyecto civilizatorio y lo hace con gran riqueza bibliográfica. Se enfrenta con valor y con gran libertad crítica a los presumidos corifeos del pensamiento moderno como Hegel, Spencer, Darwin y Heidegger. Me restrinjo a las críticas que hace al Hegel del Geist (espíritu). Con su filosofía-ideología se volvió el mayor exponente del etnocentrismo. Herbert Spencer con su biologismo estableció la raza blanca como superior y todas las demás consideradas como inferiores, lo que acabó por legitimar el colonialismo y todo tipo de prejuicios.

Zaffaroni aborda la cuestión del animal visto como sujeto de derechos. Escribe: “a nuestro juicio, el bien jurídico en el delito de malos tratos a animales no es otro que el derecho del propio animal a no ser objeto de crueldad humana, para lo cual es menester reconocerle el carácter de sujeto de derechos”. El autor es duro al constatar “que nos hemos convertido en los campeones biológicos de la destrucción intra-especie y en los depredadores máximos extra-especie”. Su propuesta es clara: “Solamente sustituyendo el saber del dominus por el de fraterr podemos recuperar la dignidad humana” y sentirnos hermanados con los demás seres.

América Latina fue la primera en inaugurar un constitucionalismo ecológico, incluyendo en las constituciones de Ecuador y Bolivia los derechos de la naturaleza y de la Madre Tierra. Anteriormente, y también por primera vez, fue México quien introdujo en su constitución de 1917 los derechos sociales. 

Zaffaroni hace la apología de las virtualidades creadoras de armonía del ser humano con la naturaleza que la visión andina del “buen vivir y convivir” (sumak kawsay) comporta; también de Gaia, la Tierra como un superorganismo vivo que se autorregula para siempre producir y reproducir vida. 

La Pachamama y Gaia son dos caminos que se encuentran “en una feliz coincidencia del centro y de la periferia del poder planetario”. Ambos son portadores de esperanza de una Tierra Casa Común, en la cual todos los seres están incluidos. Ellos nos liberarán de las amenazas apocalípticas del fin de nuestra civilización y de la vida.

Zaffaroni nos trae una brillante y convincente perspectiva, crítica severa por un lado, pero llena esperanza por otro. Merece la pena leerlo, estudiarlo e incorporar en nuestra comprensión su visión de una ecología holística y profundamente integradora de todos los elementos de la naturaleza y del universo.

22 de julio de 2017

Evo arenga ‘Pachamama o muerte’ en ONU y pide erradicar el capitalismo. Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores




    Imagen: "Iracema". Arte digital.. Ana Luisa Muñoz Flores.  alumuflores


Presidente Evo Morales: la humanidad será testigo de la destrucción del planeta si incumple acuerdo de París.

El presidente Evo Morales habló hoy en la ceremonia de firma del acuerdo de la COP21 de París, en la sede de Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Nueva York. Foto ABI

Evo arenga ‘Pachamama o muerte’ en ONU y pide erradicar el capitalismo

Día Internacional de la Madre Tierra
Erbol / La Paz
El presidente Evo Morales arengó este viernes el lema “Pachamama o muerte, madre tierra o muerte” en el cierre de su discurso en el foro de las Naciones Unidas en Nueva York,  donde planteó erradicar la sistema capitalista para prevenir los futuros efectos del cambio climático.
Su propuesta coincide con el recordatorio de Día Internacional de la Madre Tierra, este 22 de abril, declarada por la ONU que reúne a 160 delegaciones entre presidentes, jefes de Estado y comisiones de distintos países, que firmarán el compromiso alcanzado en Paris.
Precisó que es imprescindible aprobar, en el marco de las Naciones Unidas,  una Declaración Universal de los Derechos  de la Madre Tierra y exhortó a los pueblos en la constitución del Tribunal Internacional y Defensa de la Madre Tierra.
Sostuvo que ese Tribunal debería cumplir las tareas de juzgar y sancionar a los estados y empresas responsables,causantes de la crisis climática y  graves daños socio ambientales.
Morales manifestó que “el enemigo interno de la vida en síntesis, es el sistema capitalista, por tanto, hay que erradicarlo, y si no cambiamos, en el futuro viviremos la destrucción de la humanidad y la vida”.
Dijo que en la actualidad las personas son testigos de catástrofes del planeta por huracanes, sequías, inundaciones, tifones, entre otros, a raíz del incremento de la temperatura en menos de un grado centígrado.
Advirtió que si no se asumen medidas definidas en el compromiso de París,  en los próximos 20 a 30 años,  la temperatura subirá entre 5 a 6 grados y “seremos testigos de la destrucción del planeta”.

Morales: la humanidad será testigo de la destrucción del planeta si incumple acuerdo de París

    La Paz y Nueva York, ESTADOS UNIDOS, 22 abr (ABI).- El presidente Evo Morales advirtió el viernes en la ceremonia de firma del acuerdo de la COP21 de París, en la sede de Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, Estados Unidos, que la humanidad será testigo de la destrucción del planeta en 20 o 30 años si no se cumple dicho acuerdo aprobado en diciembre de 2015.
“Si no cumplimos los acuerdos y compromisos de París, en los próximos 20 o 30 años la temperatura subirá entre 5 a 6 grados y seremos testigos de la destrucción del planeta y de la vida”, aseguró.
El Jefe de Estado boliviano, uno de los principales actores mundiales en la defensa de la Madre Tierra, indicó que ese acuerdo puede ser el mejor o peor instrumento; sin embargo, dependerá de su implementación.
Admitió que el acuerdo de París es un paso importante, pero no suficiente para salvar el planeta de manera segura, por lo que recomendó a las naciones resolver las causas estructurales de la crisis climática.
“El enemigo principal de la vida es el consumismo, individualismo, mercantilismo, guerrerismo, armamentismo, el lucro y el lujo. El enemigo de la vida en síntesis es el sistema capitalista y por tanto hay que erradicarlo”, exhortó.
Morales urgió defender los derechos de la Madre Tierra y adoptar en el marco de la ONU una declaración universal para ese objetivo.
“Son más importantes los derechos de la Madre Tierra que los derechos individuales, no existirá la vida sin los derechos de la Madre Tierra”, remarcó en su discurso, realizado también en conmemoración al Día de la Madre Tierra.
Además, pidió a los jefes de Estado presentes en esa sesión continuar trabajando en la constitución de un tribunal internacional de justicia climática y defensa de los derechos de la tierra.
“(Un tribunal internacional de justicia) para juzgar y sancionar a los Estados responsables del cambio climático y a las empresas causantes de grandes daños socio ambientales”, explicó.
Finalmente, el Presidente indígena, que cumple una intensa agenda en Nueva York, exclamó en la sesión de la ONU: ¡Pachamama o muerte, venceremos! ¡Madre Tierra o muerte, venceremos!


Evo Morales, el mayor defensor de la Pachamama. Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores




                    Imagen: "Pachamama". Ate digital. Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores



22 abril 2016
Una vez más el presidente de Bolivia, Evo Morales, emplazó al mundo en la sede de Naciones Unidas en Nueva York a respetar, y proteger a la Pachamama (Madre Tierra), frente al capitalismo salvaje y despiadado que amenaza con destruirla.
El bautizado Gran Jefe Indio de la Patria Grande salió nuevamente en defensa de la Pachamama, en ocasión de su Día Internacional este 22 de abril, en el mismísimo corazón de Estados Unidos, el país más devastador de nuestro planeta tierra.
Ha sido Evo, junto al líder de la Revolución cubana Fidel Castro, entre otros dignatarios progresistas latinoamericanos, quienes más han alertado y advertido de los gravísimos riesgos que corre la humanidad por las guerras, la carrera armamentista, y el consumismo desmedido del Norte rico, a costa del saqueo extremo de las riquezas naturales de las naciones pobres del Sur.
En su breve discurso, el mandatario boliviano reiteró que el “principal enemigo de la vida es el capitalismo”, y se refirió a la conocida decena de puntos expuestos por su país y gobierno para resguardar a la Madre Tierra.
Los denominados “10 mandamientos” para proteger a la Pachamama, incluyen la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática que facilite el cumplimiento de los derechos de los pueblos y de la Naturaleza misma.
Igualmente demandan utilizar las sumas multimillonarias que gastan las potencias imperiales en armas y guerras para financiar acciones concretas contra el Cambio Climático y en defensa del Medio Ambiente.
Entre los “10 Mandamientos” figura además solicitar a todos los gobiernos concebir el agua como un derecho humano, lo cual se traduce en no privatizarla, contrario a lo que hoy ocurre en muchas partes del mundo.
Bolivia y su presidente han estado en la primera trinchera de combate frente a las amenazas que se ciernen sobre la vida en nuestro planeta, y en ese sentido defienden los bienes comunes y universales, como mares, agua y espacio atmosférico, así como el derecho de los pueblos a un modelo civilizatorio que sirva para construir y consolidar un orden internacional para el “vivir bien” de todos.
También han insistido en promover la descolonización de los recursos naturales, y en la eliminación de visiones coloniales sesgadas que ven al Sur como los guardabosques del Norte, y a las comunidades como enemigos de la Naturaleza.
Con su intervención este 22 de abril en la ONU, Evo demostró otra vez que es un guerrero de la Madre Tierra, que no le teme a nada ni nadie, y que el mínimo revés lo convierte en triunfo.
Gracias valeroso Gran Jefe Indio de la Patria Grande.

EL OJO DE LA ETERNIDAD. ANA LUISA MUÑOZ FLORES. alumuflores




     Imagen:"Pachamama". Arte digital. Ana Luisa Muñoz Flores. alumuflores
 
 
   GAIA: LA RESURRECCIÓN DE LA DIOSA TIERRA.

Cuando parecía que las antiguas religiones matriarcales habían terminado por ceder terreno al patriarcado de dioses como Yahveh o Alá, en el mundo occidental volvió a levantar cabeza el culto a la Diosa Gaia, a la Madre Tierra. El adelanto vino con la Hipótesis Gaia, postulada por James Lovelock, que ha sido interpretada de una manera religiosa. El Ojo de la Eternidad echa un vistazo a lo que quizás podría ser la resurrección de la Gran Diosa Madre...



LA ANTIGUA DIOSA DE LA TIERRA.

Como hemos reseñado en varias oportunidades en El Ojo de la Eternidad, la primera gran religión fue la adoración de la comúnmente conocida como Gran Diosa Madre. La Diosa asumió históricamente muchas formas, pero una de las más populares era, y sigue siendo, la de Gaia, la diosa de la Tierra.
En la Antigua Grecia, Gaia era adorada como la madre común de todos los seres. Dice la mitología griega, tal y como Hesíodo nos lo ha hecho llegar en su obra "Teogonía", que en el comienzo habían tres dioses: Gaia (la Tierra), el Caos, y Eros, la fuerza misteriosa que todo lo une y todo lo fertiliza.
Por intermedio de la acción de Eros, Gaia se entregó entonces a una intensa actividad partenogénica, pariendo por sí misma (¡y sin necesidad de varón!) a diversos dioses y criaturas, hasta llenar el mundo con ellas. Luego, Gaia se unió a uno de sus hijos, Urano, el dios del Cielo, quien la violó sistemáticamente para terminar de engendrar al resto del mundo. Esto, hasta que Gaia se enojó y le pidió a uno de sus hijos/nietos, Cronos (el Saturno romano) que hiciera algo al respecto. Cronos fue directo y expedito: le cortó a su padre/hermano Urano el miembro viril, y lo arrojó lejos.

En general, la mitología griega clásica se acuerda bien poco de Gaia. Hay una buena razón para esto. Como hemos reseñado en otro artículo, el ascenso de las religiones patriarcales sumergió al Culto de la Diosa Madre, del cual Gaia era una encarnación, y a partir de entonces, las diosas pasaron a ocupar un papel de comparsas. Una muestra de esto se encuentra en el mito de Hércules.
En una de sus tantas andanzas el héroe Hércules (hijo del dios patriarcal Zeus) se enfrenta al gigante Anteo, hijo de Gaia. Hércules descubre que Anteo es casi imbatible, porque cada vez que cae al suelo, al contacto con su madre Gaia recupera sus fuerzas. Por lo que Hércules lo alza en el aire y lo estrangula. He aquí una muestra de como los sacerdotes de las religiones patriarcales sutilmente intentaron poner a la venerable Gran Diosa como la villana de la historia.

Sin embargo, con el advenimiento de la religión patriarcal occidental por excelencia, el Cristianismo, ya no había espacio para el paganismo, y menos para Gaia. La gran figura femenina del Cristianismo, la Virgen María, poco tenía que ver con el culto de la Tierra, y de esta manera, Gaia entró en la penumbra. ¿Para siempre...?


LA CIENCIA RESUCITA A GAIA.


En la década de 1970, los científicos estaban preocupados por el tema de la existencia de vida en Marte. ¿Había acaso alguna manera de predecir si en Marte habían criaturas vivientes? Un científico que en ese entonces se dedicaba a la cacería de gases contaminantes en la atmósfera, James Lovelock, asumió el reto. Lovelock cayó en la cuenta de algo bien simple: la vida, al propagarse, tiende a modificar su entorno.
 Parece de perogrullo, pero en ese tiempo, el Darwinismo más ortodoxo proclamaba que las especies sólo debían adaptarse a los cambios ambientales o morir: nadie parecía pensar que quizás una forma de adaptarse a esos cambios ambientales era a su vez convertirse en una fuerza capaz de modelar el medio ambiente. Si en Marte existía vida, ésta tenía que haber cambiado de alguna manera su medio ambiente. Y para eso, ¿cómo cambiaba la vida terrestre su propio planeta...?

Lovelock apunta a que la química atmosférica de la Tierra es una aberración imposible. Los restantes planetas del sistema solar tienen atmósferas fuertemente oxidantes o reductoras, pero la terrestre es sólo débilmente oxidante. Si se dejara caminar sola a la atmósfera terrestre, sin vida alguna, el resultado final sería que el 71% de nitrógeno desaparecería reaccionando químicamente con el suelo y escurriéndose, mientras que el oxígeno acabaría reaccionando con cualquier cosa capaz de oxidarse (hierro, carbono, cualquier cosa) hasta desaparecer como un compuesto químico libre.
 La única manera de mantener una atmósfera inestable como la terrestre, es que alguien continuamente produzca y retire gases de ellas: ese alguien debe ser la vida terrestre. Lo que golpeó duramente a la comunidad científica en su época, es la idea de que esa vida terrestre pudiera hacerlo para garantizar su propia supervivencia.

¿Es entonces la Tierra un organismo vivo? Lovelock deja la pregunta en el aire: para él, el concepto de vida no es verdadero ni falso, es simplemente superfluo. Lovelock prefiere hablar de sistemas cibernéticos capaces de autorregularse.
 Un organismo vivo es un sistema capaz de autorregularse, y Gaia, de ser cierta su hipótesis, también es capaz de autorregularse a sí misma como un todo coherente. Aún así, no pocos malentendieron esto, y confundieron el concepto de homeostasis (la capacidad de los organismos vivos para autorregular sus propias condiciones) con el de organismo viviente propiamente tal.
Y como Lovelock aceptó la sugestión de su amigo, el escritor William Golding, para llamar "Gaia" a su teoría, las acusaciones contra Lovelock de estar promoviendo ideas teológicas disfrazadas de ciencia arreciaron.


LA DIOSA NEW AGE.

 En la década de 1970, los científicos estaban preocupados por el tema de la existencia de vida en Marte. ¿Había acaso alguna manera de predecir si en Marte habían criaturas vivientes? Un científico que en ese entonces se dedicaba a la cacería de gases contaminantes en la atmósfera, James Lovelock, asumió el reto. Lovelock cayó en la cuenta de algo bien simple: la vida, al propagarse, tiende a modificar su entorno.
Llegó la década de 1980, y con ella explotó el movimiento New Age. Como ha sucedido en otras ocasiones, el debate científico trascendió, se malentendió, y hubo quienes extrajeron una nueva religión de ello: el culto de Gaia. De esta manera, Gaia se transformó en la más importante de las diosas neopaganas adoradas en los círculos de la New Age.

Gaia era especialmente apta para esto: los científicos parecían haber probado que la Tierra era en verdad un organismo vivo (Lovelock jamás afirmó esto, por supuesto), y además, estaba la idea de recobrar a una diosa ancestral. Siendo decididamente antitecnológico, el movimiento New Age deseaba por supuesto regresar a las raíces culturales de la Humanidad, y al final del camino estaba el culto a la Tierra, llámese la Gaia de los griegos o la Pachamama de los antiguos pueblos andinos.
De esta manera, el culto de Gaia prendió fuertemente, y surgieron varias sectas en torno de esta diosa resucitada.
Sin embargo, quienes desdeñan el éxito de Gaia como una chifladura propia de algunos New Age tejedores de ponchos, deberían mirar otra vez.
 Las religiones tienden a cambiar cuando lo hacen sus adoradores, y el mayor y más solapado cambio religioso que se está produciendo, es el retroceso de los dioses patriarcales y el advenimiento de las diosas, como correlato del crecimiento del poder femenino en el interior de las sociedades occidentales. Este movimiento fue presagiado ya en 1965 por Frank Herbert, quien en su novela "Dune" anunciaba que la exploración espacial iba a destruir a los antiguos dioses patriarcales, e iba a crear una religión del inmanentismo cósmico, encarnado como una especie de diosa del vacío estelar, y en "Dune", no por casualidad, la fuerza política más importante del universo era una cofradía de mujeres, las llamadas brujas Bene Gesserit.
Gaia no es la única diosa que se ha puesto en la carrera por revitalizar el papel de las diosas. Hace poco, el éxito de "El Código Da Vinci" giraba en torno a la revalorización de María Magdalena como compañera de Jesús.

Y dentro de la propia Iglesia Católica, hace tiempo que existe un fuerte movimiento mariano, que le otorga un poder cada vez mayor a la Virgen María. El éxito relativo de Gaia refleja una tendencia de los tiempos: después de unos tres o cuatro milenios a la penumbra de los dioses, quizás las diosas estén por tomarse una revancha fulminante. Después de eso, la historia de las religiones no volverá a ser lo mismo.

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